top of page

Solidaridad como construcción de humanidad verdadera


Las iniciativas deberían surgir de un amor y de una necesidad; de hecho, cuando es así, el actuar no es puro activismo y las acciones no terminan en sí mismas, ni se realizan para ocupar el tiempo o tener un reconocimiento. Las acciones de este tipo solo son distracciones del verdadero sentido de la existencia y, a lo largo del tiempo, se realizan sin ningún compromiso y responsabilidad. La solidaridad, en cambio, nace de una mirada no distraída hacia al otro que sufre y que tiene una necesidad, y frente a eso sería no natural e inhumano no sentir nada. Es fácil, sin embargo, no percatarse de los problemas que nos rodean, pero a veces estos problemas nos tocan muy de cerca, afectan a nuestros hijos o a nuestras familias, y entonces nos movemos y actuamos; otros tienen la suerte de encontrar a un amigo que les enseñe que el bienestar puede ser solo colectivo.


Somos seres sociales y no podemos ser felices sin el otro; de hecho, hay una conmoción que comienza cuando nuestra mirada descansa con verdad sobre el otro hombre, pensando en su origen y en su destino. Si yo existiera solo, todo habría terminado ya; es más, no tendría sentido mi existir; mi exigencia de reproducción y generación es el signo del hecho que necesito, además del ser humano, del otro sexo que coopere conmigo, de otro que me continúe en la historia terrenal; o también el lenguaje humano, en todas sus formas, no tendría significado alguno si yo pudiera realizarme solo; y los ejemplos podrían no tener límite.


Por otro lado, la interdependencia de los hombres que están viviendo en la tierra, hoy, se suma aquella histórica; la interdependencia y la unidad se extienden, de hecho, en el espacio como en el tiempo. Quien nace hoy, como quien nacía ayer, niño, si nace en un contexto positivo o negativo desde el punto de vista físico, o fisiológico, o psicológico, o intelectual, o social, o político, o económico, o espiritual, recibe del ambiente mismo una serie de informaciones positivas o negativas, que cuando estará más grande y actuará bien o mal hacia sí mismo y hacia los demás, esas sus buenas o malas acciones no serán las primeras en absoluto en toda la historia de la humanidad, sino que serán, de algún modo, dependientes de las virtudes anteriores de sus padres, de sus antepasados, de la sociedad en que vive. Por lo tanto, la solidaridad de la que hablamos construye una humanidad verdadera en la humanidad entera, siendo que implica tomar la decisión de interrumpir el curso nefasto de las injusticias y aumentar lo positivo, construir un mundo mejor y promover el auténtico bien común. En fin, el deseo de ser feliz demuestra que yo solo no puedo alcanzar mi realización; aún más, cada acción humana, si se hace en esta búsqueda de plena realización, asume un significado verdadero. En este sentido, el voluntariado debería, en cada momento, educarnos a reconocer que es posible dedicar la vida a la generación de una humanidad verdadera y de una amistad con todo el mundo y la realidad.




20 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo
bottom of page