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Danos un corazón

Conferencia de los voluntarios de la Fundación Divina Providencia y de Fundación Paraíso Down



El 18 de junio de 2014 el Centro Cultural One Way presentó en el Palacio Tecleño de la Cultura y las Artes la conferencia “Danos un corazón el valor del voluntariado” con la presentación de la labor que realizan en El Salvador la Fundación Divina Providencia y Fundación Paraíso Down.


Las iniciativas deberían surgir de un amor y de una necesidad; de hecho, cuando es así, el actuar no es puro activismo y las acciones no terminan en sí mismas, ni se realizan por ocupar el tiempo o tener un reconocimiento. Las acciones de este tipo solo son distracciones del verdadero sentido de la existencia y, a lo largo del tiempo, se realizan sin ningún compromiso y responsabilidad.



La solidaridad, en cambio, nace de una mirada no distraída hacia el otro que sufre y que tiene una necesidad, y frente a eso sería no natural e inhumano no sentir nada. Es fácil, sin embargo, no percatarse de los problemas que nos rodean, pero a veces estos problemas nos tocan muy de cerca, afectan a nuestros hijos o a nuestras familias, y entonces nos movemos y actuamos; otros tienen la suerte de encontrar a un amigo que les enseñe que el bienestar puede ser solo colectivo. Somos seres sociales y no podemos ser felices sin el otro; de hecho, hay una conmoción que comienza cuando nuestra mirada descansa con verdad sobre el otro hombre, pensando en su origen y en su destino.


Por lo tanto la solidaridad de la que hablamos construye una humanidad verdadera en la humanidad entera, siendo que implica tomar la decisión de interrumpir el curso nefasto de las injusticias y aumentar el positivo, construir un mundo mejor y promover el auténtico bien común.


En este sentido, este día presentamos la labor de la Fundación Divina Providencia y la Fundación Paraíso Down que muestran cómo el voluntariado debería, en cada momento, educarnos a reconocer que es posible dedicar la vida a la generación de una humanidad verdadera y de una amistad con todo el mundo y la realidad, por esta razón


La Fundación Divina Providencia (FUNDIPRO) nació en 1993, en San Salvador, por el deseo de un grupo de personas que querían trabajar en favor de jóvenes y adolescentes de escasos recursos, para ofrecerles apoyo y asistencia a través de cursos de formación, actividades educativas y culturales. El primer proyecto fue una casa de acogida, llamada “Paolo Miki Center”, para las jóvenes de la calle; y en 1996, se inició la “Pequeña Escuela Popular”, en donde se ofrecían cursos de corte y confección, mecanografía, peluquería, a jóvenes madres de la zona marginal de “Las Margaritas”, en Santa Tecla. Las señoritas llevaban a sus hijos pequeños a las clases; y, por esa razón, paralelamente se creó una guardería, en la cual los estudiantes universitarios cuidaban de los niños. Con el tiempo, esta guardería se transformó en el Aula de Refuerzo Escolar y Humano “Las Abejitas”.


Cada día, los voluntarios salen juntos a recoger a los niños a sus casas. Por lo general, los más grandes realizan sus tareas escolares en el Aula y, contemporáneamente, se imparten clases de refuerzo en las materias en las cuales presentan mayor dificultad. Hay un día en el cual se realizan actividades extraescolares específicas para cada materia (ortografía, matemática, lenguaje, lectura entre otras). Las necesidades de cada uno se identifican por las notas que las maestras de la escuela escriben en sus cuadernos; por lo que, hablando con ellos, se trata de hacerles conciencia de la importancia de poner un mayor empeño en estas áreas deficitarias. Con los más pequeños, aunque también traigan tareas escolares del kínder y de la preparatoria, se efectúan otras actividades más variadas para desarrollar su motricidad fina y gruesa, entre las cuales cabe mencionar la pintura, el pegado, el dibujo, el collage, manualidades, los juegos educativos y el canto. Con ellos se realizan diferentes dinámicas con el fin de que aprendan a compartir y convivir con los demás, puesto que para muchos el ambiente social en el que viven no les permite cultivar estos valores.


Desde hace ya varios años, se han iniciado visitas médicas y pediátricas gratuitas a las cuales acceden niños de todas las edades. Durante estas jornadas, los locales en los cuales los voluntarios cada día realizan sus actividades, son preparados con camas y cajas de medicinas que, de forma gratuita, son distribuidas a las familias de los niños. Algunos voluntarios se ocupan de registrar los datos generales en los expedientes de cada paciente, mientras los demás llevan a cabo juegos que les enseñen a los niños algunas reglas básicas de higiene.


Este trabajo es posible solo gracias al tiempo que muchos jóvenes de diferentes universidades y colegios dedican gratuitamente. De hecho, la amistad que ha nacido entre los voluntarios, y que está a la base de esta labor, está dirigida a realizar pequeñas solidaridades juveniles en la circunstancia de todos los días.


Por su parte la Fundación Paraíso Down surgió en El Salvador de algunas familias con hijos con la sindrome Down, los cuales tenían el afán de acompañar a otras familias y promover la inclusión en el sistema educativo. La Fundación ofrece varios servicios fundamentales, como por ejemplo los servicios terapéuticos dentro de sus instalaciones así como la atención a las familias de los recién nacidos. Otro aspecto muy importante es la fisioterapia, orientada a desarrollar en los niños las capacidad de moverse y desplazarse con confianza, permitiéndoles conocer e interactuar con el entorno. En este este campo, las áreas de intervención son aquellas de las interacciones cognitivas, las interacciones emocionales, las interacciones simbólicas y las interacciones sensoriales-motrices, en niños de cero a tres años.


Paraíso Down aboga por un único sistema educativo adaptado a las diferentes necesidades, características, intereses y capacidades de cada uno, en el que los alumnos sean incluidos en las aulas ordinarias. Además considera que el voluntariado necesita de mucho tiempo, esfuerzo y trabajo, y en esta labor que realizan involucran también a jóvenes a quienes les piden empeño y responsabilidad; ya que el voluntariado no es donar el tiempo que sobra, sino que es un compromiso serio y constante sin pretender nada a cambio.



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