Economía de Compañía

DEL INDIVIDUO A LA COMUNIDAD


Como Centro Cultural One Way después de haber discutido entre nosotros sobre aspectos del trabajo, deseamos ahora ampliar las interrogantes sobre sus frutos y además profundizar sobre un análisis de las relaciones sociales de producción y sus consecuencias en la vida de las personas.


Hoy día, se le dice al que trabaja que, al fin y al cabo, lo que más cuenta es el dinero, el éxito. Y el deseo de darle un sentido primordial a la vida, el deseo de justicia, la política entendida como servicio al hombre, son supuestamente estructuras secundarias, que podrían frenar el progreso, que es visto únicamente como desarrollo de la economía. De esta forma, el trabajo humano (ya sea a nivel de empresas o trabajo dependiente), se ve disminuido. Además, el poder aplasta al hombre que trabaja con manos, cerebro y corazón; e, inclusive, lo critica, por ejemplo, condenando como “subversivo” al que se queja de los bajos salarios. Pero, para medir realmente al hombre y a su trabajo, no basta el uso de un instrumento tan limitado y parcial como es el dinero. El trabajo es tiempo, energía, sacrificio, cultura y pasión por nuestra única existencia terrena, pero éste debe ser realizado en nombre de algo por lo cual valga realmente la pena vivir.


Por otro lado, un ser humano no puede desinteresarse por el aspecto de la economía, así como no puede evitar que su entorno lo afecte. Interesarse por el mundo que nos rodea es la consecuencia lógica del reconocimiento realista de que nuestra vida es influenciada por las circunstancias concretas en las que nos desarrollamos y nuestra reacción frente a ellas. Así que seamos trabajadores, empleadores, especialistas o consumidores, todos colaboramos y dependemos de la misma economía. Ésta con sus periódicas crisis y desigualdades, no es un acontecimiento natural frente al cual el ser humano no puede hacer nada o casi, como podría serlo un terremoto o una inundación, es una invención de los hombres y como tal se puede modificar. Reconstruir el tejido de las relaciones humanas puede entonces afectar la misma idea de economía en el cual se mueve la sociedad. En la historia han habido personas que no han ignorado esto, sino que han vivido y actuado identificándose con el otro y los otros, en quienes veían reflejadas las mismas necesidades de justicia social. Esta es una visión que trata de corresponder a la naturaleza del ser humano en el conjunto de sus relaciones.


Si cada uno de nosotros reflexiona seriamente sobre sí mismo se da cuenta que alcanzar la felicidad puede acontecer solo tomando en cuenta el conjunto y la comunidad en la cual cada uno vive. De hecho, se necesita de otros para poder nacer, crecer, desarrollarse y, en síntesis, vivir. Compartir un tiempo, un lugar y una historia con otros seres humanos nos muestra como el pertenecerse recíprocamente sea un hecho y no una teoría. Esto afecta profundamente la visión que se puede tener sobre el trabajo y la economía. De hecho, no es cierto que exista un primer mundo y un tercer mundo, existe una sola esfera donde todos estamos conectados. En ella viven personas que no alcanzan a tener los medios para poder vivir dignamente, pero es humanamente más indigno aprovecharse de ellos para poder gozar de privilegios innecesarios.


Las divisiones entre países ricos y países pobres, personas opulentas e indigentes son el fruto de una visión deformada del ser humano, son hijas del querer dividir para poder dominar. En esta visión los hombres que detienen el mando de las operaciones financieras y económicas parecen motivados solamente por el propio interés o, a lo máximo, en el interés de su familia o clan. Como demuestra la historia de nuestra América Latina, pero también de África y de muchos otros países, donde se ha justificado la explotación del hombre por el hombre en favor del interés personal. Esta situación histórica y política ha generado un profundo pesimismo sobre la posibilidad de tener un sistema económico que permita una distribución justa de las riquezas.


Podría también nacer la idea, que la justicia, está ligada a la bondad, a regalar algo de dinero, casi fuera un arancel a pagar para poder mantener la conciencia tranquila. Según esta visión habría que dar dinero a los pobres para que ya no molesten. Pero deshacerse de lo que sobra es fácil, otro asunto es repensar a la economía partiendo del hecho que los seres humanos puedan compartir la vida y la existencia, esto sería totalmente otra cosa. Resultaría mucho más complicado compartir las capacidades, los pensamientos, el conocimiento y, en consecuencia, de esto también el dinero. Sería opuesto a una actitud orgullosa, fijada en la apariencia y en la indiferencia hacia el otro. No hablamos de solidaridad, ni de responsabilidad social, sino de igualdad. No queremos ser solidarios, sino reconocernos iguales.


Para esto hace falta aplicar la propia libertad en el modo con el cual cada uno se considera a sí mismo y a los demás; de cuál es el valor de la existencia de cada ser humano deriva el modo de su actuar, de trabajar y de gastar el dinero. En este contexto la libertad quiere decir escoger según lo que la conciencia reconoce como justo, verdadero y bueno y aplicar a esto la voluntad. Hacer la fatiga de escoger según este modo “libre” ayuda a descubrir la autenticidad en cada persona y en cada cosa.


Solo empezando a crear relaciones que no estén fundadas sobre una ganancia, no solo económica o material, sino en esta autenticidad puede cambiar el sistema económico volviéndolo más humano. Empezando a “invertir” tiempo, capacidades, conocimientos y por qué no también dinero. En el crear relaciones basadas sobre el deseo de felicidad, que cada ser humano lleva en su naturaleza, cambia radicalmente el modo de actuar en el propio entorno. La tarea revolucionaria por querer radicalmente cambiar un sistema que permite la opulencia a la par de la miseria, es fundamentalmente trabajar para despertar, y mantener despierta, la voz de la conciencia, es decir, aquella que permite darse cuenta de una injusticia, algo que claramente no corresponde con ella. Cuando acontece la toma de conciencia de saberse en relación con los demás también en la economía pueden crearse relaciones nuevas, pueden surgir “hombres nuevos”, personas preocupadas por su entorno y de los individuos que lo habitan y por esto hablamos en plural porque se ha demostrado que uno solo no podrá nunca ponerse como solución a un sistema político o económico.


Seamos pues utópicos, idealistas, creativos, faltos de prejuicios, conscientes de una gran responsabilidad frente a la historia y preguntémonos, ¿qué características debería de tener un modo económico de producción que permita crear lazos de fraternidad entre las personas? ¿El productor tiene que seguir produciendo para vender? Y, el trabajo humano remunerado ¿Cómo podría llegar a ser justo? Y, la paradoja entre el uso de una mayor tecnología, respecto al trabajo humano ¿cómo se puede resolver? No buscamos dar soluciones impositivas, dogmas, o leyes que cumplir, pero queremos promover el diálogo sobre estas importantes interrogantes.



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