top of page

Economía: del individuo a la comunidad

conferencia de MTRA. Saira Barrea


El día 11 de noviembre del 2019 la Mtra. Saira Barrea, catedrática e investigadora de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), presentó para el Centro Cultural One Way la ponencia titulada “Economía: Del individuo a la comunidad”.


La profesora explicó que para hablar de este tema es necesario incorporar al concepto de la humanidad las condiciones de fragilidad o flaqueza que son inherentes al propio ser humano. En ese sentido, el término de nueva humanidad implica entonces tomar conciencia de lo efímero de la vida humana y no humana. Por lo tanto, todo agregado de seres humanos que se encamine hacia una nueva humanidad, es decir, hacia una nueva conciencia de su ser frágil y de su flaqueza, tiene que preocuparse por la economía e interesarse por ésta. Surge entonces la pregunta: ¿qué vamos a entender por economía?


Hay dos acepciones principales: la economía como actividad y la economía como disciplina científica. En la primera participamos todos y todas, nos guste o no nos guste, estemos conscientes de ello o no. En la segunda, la economía como disciplina científica, la participación es más reducida, pues hay algunos a los que les toca involucrarse más con ese aspecto.


El interés por la economía como actividad tiene raíces en nuestro carácter de sujeto necesitado y sujeto productor. Desde la perspectiva de la economía para la vida, una nueva humanidad debe de preocuparse por la economía y su preocupación por ella está precisamente enraizada en el hecho de que somos seres con necesidades antes que seres con preferencias. Somos seres con necesidades y además también producimos cosas útiles para satisfacer esas necesidades.


Si nos entendemos de esta forma, en tanto sujetos necesitados o como sujetos productores, tenemos un punto de partida más apropiado para incorporar esta nueva humanidad que pasa por entender la fragilidad o la flaqueza propia del ser humano. Según la perspectiva de la economía para la vida, que han trabajado mucho los autores Franz Hinkelammert y Henry Mora, la vida humana es precondición para la producción de valores de uso. Al producir cosas útiles para satisfacer las necesidades se presupone la existencia de la vida humana porque estas cosas útiles surgen tanto de una base natural o material, como de la interrelación de las personas con esa base material que es transformada a través del trabajo.


Entonces, es imposible la existencia de valores de uso que satisfagan las necesidades humanas si no existen personas para producirlas; por lo tanto, la producción de valores de uso presupone la existencia de las personas. Ahora bien, los valores de uso también son una precondición para que exista la vida porque los seres humanos, en tanto sujetos con necesidades, tienen que consumir y para ello es necesario producir cosas útiles. En esta relación encontramos esa interdependencia desde la cual se puede entender a la economía como ese proceso encaminado a garantizar y reproducir la vida material mediante el proceso de producción, el cual también se lleva a cabo en interacción constante con otros componentes del entorno a los cuales estamos obligados a volver y transformar para satisfacer las necesidades humanas.


Es ahí donde ubicamos al sujeto productor, en este continuo ir y venir entre ser resultado de la producción y ser precondición de la producción. Se trata de una condición circular entre la vida humana y las cosas que necesitamos para vivir. Esto presupone una relación de interdependencia de la vida humana con la naturaleza ya que somos parte de un entorno natural del cual tomamos insumos, vertemos residuos y en el cual vivimos. Entonces, esta mirada de economía para la vida nos plantea esa relación de interdependencia mediante la cual la nueva humanidad tiene que preocuparse de la naturaleza porque de ella depende su vida. Las condiciones de su propia vida están ancladas en la economía y por lo tanto tiene que preocuparse por ella.


Sin embargo, en las sociedades actuales la preocupación por la economía tiene que ver con cosas más inmediatas como la obtención de ingresos, obtención de mercancías, la satisfacción de necesidades a través de la compra y venta de mercancías, etc. En el fondo lo que hay es lo que eufemísticamente se le llama “ganarse el pan” o “ganarse la vida”, trabajar para comprar y vivir, para acceder a la satisfacción de nuestras necesidades.


Con respecto a la segunda acepción que se mencionó al principio, una nueva humanidad también tiene que interesarse por el carácter científico y epistemológico de lo económico. Al respecto, la primera pregunta que se debe plantear es: ¿qué estudia la economía? La mayoría de los manuales empiezan diciendo que la economía es el estudio de la asignación de recursos escasos en un contexto de necesidades ilimitadas. Desde esta perspectiva, el problema principal que se presenta tiene que ver con criterios de eficiencia y de optimización del uso de esos recursos escasos en la satisfacción de la mayor cantidad de necesidades posibles.


En sus inicios, la economía adquirió el apelativo de Economía Política, debido a su referencia directa al estudio de la polis. Sin embargo, con el advenimiento de la revolución marginalista en la segunda mitad del siglo XIX, impulsada por el trabajo de autores como Léon Walras, la economía puso su atención en la matematización como un criterio de cientificidad. Se proclama, por lo tanto: “¡queremos ser rigurosos, queremos ser científicos, si no lleva matemática no es economía!”. La mayor implicación de este proceso fue la redefinición del universo de estudio de lo económico: ahora solo se consideraba parte de la economía aquello susceptible de medirse y de tratarse de manera matemática.


Antes este contexto, una nueva humanidad tiene que plantearse otras formas de entender el mundo que incorporen una pluralidad de perspectivas teóricas y metodológicas. Pero también tiene que plantearse el tránsito de lo individual a lo colectivo.


Con respecto a lo primero y en contraposición a las teorías económicas que promulgan el rigor matemático, surge una corriente teórica denominada economía para la vida, que precisamente incorpora otros aportes teóricos y diferentes aspectos del estudio económico que fueron quedando afuera debido a la revolución marginalista, como por ejemplo la sostenibilidad ambiental, el aspecto ético o las relaciones de género.


Una nueva humanidad tiene que resistir al monocultivo de herramientas teóricas de análisis. El monocultivo es el aprendizaje de solo un número reducido de perspectivas teóricas y metodológicas del estudio de los fenómenos sociales. Las complejas realidades sociales que se presentan, requieren que se diversifiquen las herramientas teóricas que tenemos para analizar: si solo tenemos un martillo, analizaremos todo como si fueran clavos. El resultado: una pobreza teórica para analizar los problemas sociales.


Existe una frase del escritor argentino Ernesto Sabato que tiene mucha relación con este tema, y que dice así: “El poder de la ciencia se adquiere mediante una especie de pacto con el diablo; a costa de una progresiva evanescencia del mundo cotidiano. Llega a ser monarca, en efecto, pero cuando lo logra su reino es apenas un reino de fantasmas. La ciencia escrita, es decir, la ciencia matematizable, es ajena a todo lo que le es valioso al ser humano: sus emociones, sus sentimientos de justicia, su angustia frente a la muerte”.


Para emprender una nueva humanidad, como se mencionó anteriormente, es necesario, sobre todo, transitar de lo individual a lo colectivo. Este tránsito también puede darse en un nivel teórico y práctico.


Desde la teoría, para estudiar los fenómenos económicos tenemos que considerar que hay relaciones sociales que les subyacen. Esto implica que tenemos que incorporar supuestos o elementos éticos. Según Enrique Dussel, la ética es inmanente al análisis económico, y no puede quedar al borde de esta.


Luego hay que incorporar el análisis de las relaciones sociales de producción. En este sentido, Carlos Marx tiene una propuesta muy importante, pero también hay varios autores que retoman estas nociones. Al incorporar, por ejemplo, nociones como la economía del cuidado o el tema del poder, se amplía la perspectiva y se acerca más a las demandas que nos interpelan las sociedades actuales.


Al respecto, Franz Hinkelammert dice: “La economía ahora se conduce como una guerra económica en la que se trata de conseguir y mantener ventajas competitivas que hagan posible salir de esta guerra como vencedores. El economista y especialmente el administrador de empresas, se han convertido en asesores militares de tal guerra económica, llegando a ser su función primordial no la producción de teorías o del entendimiento de lo que significa esta forma de economía, sino a contribuir al triunfo de esta confrontación bélica o la competencia a muerte”.


Transitar del individuo a la comunidad también conlleva la práctica y también implica criticar algunos aspectos, como, por ejemplo:

  1. El supuesto de que el ser humano es egoísta por naturaleza. Al asumir este supuesto, se toma como premisa de la naturaleza humana una premisa metodológica que es solo parte de la teoría económica: el Homo Economicus.

  2. El bienestar es un juego de suma cero. Al asumir este supuesto, los interesados en la economía se convierten en lo que se decía antes: meros asesores militares de las partes que vencen y del poder.

Por lo tanto, ejercer una práctica diferente supone cuestionar cosas y supuestos que se tienen como absolutos.


Por último, refundar la economía es una cuestión de vida. Esto implica colocar a la vida en el centro de la práctica y del análisis económico. ¿Pero cómo se logra esto? ¿Cómo se pone a la vida en el centro? A nivel de teoría, se debe confrontar el análisis económico con su pertinencia, relevancia y adecuación para la comprensión de los fenómenos económicos y de los problemas que amenazan la preservación y la mejora de las condiciones materiales que hacen posible y deseable la vida. También, es necesario quitar el velo al carácter fetichizado del análisis económico que presupone al capitalismo como el lugar de la vida. Esto implica renunciar a la idea de que no hay vida más allá del capitalismo a la hora de dar solución a los problemas económicos.


A nivel práctico, se puede cultivar el pensamiento crítico, para orientar formas diferentes de hacer política y economía. También se puede tratar de inventar y formar en comunidad formas al margen del capital, proponiendo soluciones a los problemas económicos en todos los niveles territoriales y de manera colectiva. Las formas cooperativas de consumir, de producir o de construir viviendas, son ejemplos de estas prácticas.


Para finalizar, sería bueno retomar una reflexión tomada de Hinkelammert, la cual es una interrogante que dice: ¿La vida vale o no vale la pena vivirla? Esta interrogante adquiere especial significado de cara al florecimiento cada vez mayor de una cultura de la desesperanza, que se basa en la tesis de que no hay alternativa ante las amenazas y crisis globales. Frente a esto, la humanidad deberá ante todo reafirmar con absoluta decisión la opción por la vida. Al hacerlo, tendrán que surgir nuevas alternativas más justas y humanas.



35 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo
bottom of page