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Edith Stein


Fue una mujer con una personalidad intensa, fuertemente pasional, y a la vez totalmente racionalista y atea. Era una gran intelectual y pensadora de su época, realizó sus estudios con dos grandes filósofos: Max Scheler y Edmund Husserl. Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, en 1914, se inscribió en un curso de enfermería y entró como voluntaria en un hospital militar. Allí tuvo contacto con hombres de distintas procedencias y nacionalidades, prestaba su ayuda a hombres gravemente enfermos y moribundos. Posteriormente regresó a la universidad en Breslau. Se convirtió en asistente de Husserl y se doctoró con una tesis sobre el problema de la empatía.


Mantuvo contacto con algunas personas religiosas, en particular con Max Scheller, quien le había explicado que solo el encuentro con Cristo hace al hombre lo que tiene que ser; y precisamente, en el verano de 1921 Edith leyó - en una sola noche - el libro de la vida de Santa Teresa de Ávila. Ella leía y analizaba cada página, al cerrar el libro, con las primeras luces del alba, tuvo que confesarse a sí misma: “¡Esta es la Verdad!”. Esta frase fue dicha por una de las mentes filosóficas e intelectuales más brillantes de Europa de aquel tiempo. Edith Stein voluntariamente había dado el gran paso que marca la vida de cada hombre: descubrir el verdadero motivo y sentido de su existencia.


Su encuentro con la verdad es el fruto de una larga y difícil búsqueda. Edith vivió en la época caracterizada por la moderna incredulidad, y fue testigo de un momento histórico que la llevó a tener esa tensión sostenida entre lo científico y lo religioso. Algunos meses después de haber leído el libro sobre la vida de Santa Teresa de Ávila, recibió el bautismo en Bergzabern, el 1 de enero de 1922. Quiso y consiguió que fuese su madrina, su amiga, Hedwig Conrad-Martius, la cual era cristiana, pero de confesión protestante. Edith se añadió los nombres de Teresa (por Santa Teresa de Ávila) y Edvige (por su amiga). En ese tiempo tenía 30 años.


El 30 de abril de 1933, sintió con claridad su vocación a la vida religiosa monástica del Carmelo, que había empezado a intuir el día del bautismo y tomó interiormente su decisión; ¡para la madre esta decisión supuso otro golpe! -“También siendo hebreo se puede ser religioso”, le había dicho para disuadirla. - “Claro -le había respondido Edith- si no se ha conocido otra cosa”.


El 15 de octubre de 1933, Edith entró en el Carmelo de Polonia. Tenía 42 años. El 2 de agosto de 1942, estando en oración en el Carmelo de Echt, Teresa Benedicta de la Cruz es arrestada por dos oficiales de la Gestapo. El telegrama que envió a la Priora de Echt, antes de ser evacuada a Auschwitz, contenía esta declaración: “No se puede adquirir la ciencia de la cruz más que sufriendo verdaderamente el peso de la cruz”.


Murió como judía y mártir de la fe católica a los 51 años de edad, víctima del tóxico Zyklon B (ácido cianhídrico), emanado de una instalación de duchas, con una muerte casi instantánea. Su cuerpo, sin vida, fue calcinado con leña en agosto de 1942. El 1° de mayo de 1987, Teresa Benedicta de la Cruz fue beatificada por Juan Pablo II, en el aniversario de su consagración definitiva, es decir, cuando hizo los votos de profesión religiosa carmelita para toda la vida.



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