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Educación: una propuesta de vida

Conferencia de Carlos Ciade y Maida Ochoa


Maida Ochoa, profesora de Literatura en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán de Tegucigalpa (Honduras) y Carlos Ciade, profesor de Filosofía en la Universidad Instituto Científico Técnico y Educativo (ICTE) y Director de la Fundación José Vasconcelos, de Ciudad de México (México) realizaron una conferencia en San Salvador (El Salvador) describiendo cómo a través de una amistad, llegaron a ser educadores.


La profesora Maida Ochoa contó de la experiencia que la marcó como persona cuando estaba estudiando los primeros años universitarios, en la escuela superior de Tegucigalpa, Honduras y tuvo la oportunidad de conocer al profesor Giovanni Riva. “En una etapa de muchas inquietudes fácilmente uno puede engancharse de cualquier cosa, sin embargo el profesor Riva siempre hablaba de educación y de amistad y de interesarse por el destino del otro”. Esto hizo nacer en ella esta inquietud de preocuparse del propio yo y de cómo hacer surgir también en las personas el deseo de hacer juntos las cosas. De esta manera, con otros jóvenes estudiantes universitarios, comenzó en Tegucigalpa la Asociación Hondureña para Obras Sociales, que a través de manifestaciones, conciertos, conferencias e iniciativas, se interesa por la realidad hondureña.


La profesora Ochoa se dedica desde hace años a la docencia a nivel universitario, y por esta amistad que encontró y que despertó en ella el hecho que todos somos educadores, ideó junto a otros, en los lugares donde se desenvolvían, varias realidades, iniciativas o gestos con el deseo de dar un sentido a su actuar y entender cómo enfrentar la vida. Con el tiempo nació el Centro Cultural One Way en Tegucigalpa, que pretende ser un espacio para el diálogo de diversos temas: el arte y la cultura, dentro de las universidades.


Al tiempo del huracán Mitch, la experiencia que ya vivían les permitió trabajar con una nueva humanidad, porque mientras todas las asociaciones daban asistencialismo, llevando camionadas de materiales y ropa, entre otros, ellos eran los únicos que realmente hacían un trabajo de acompañamiento con las personas que estaban en los albergues: “Todos los estudiantes de nuestra escuela estaban involucrados en el trabajo que se hizo en el albergue INFOP. Esta labor ayudó a fortalecer la amistad entre nosotros, a educarnos a dar el tiempo, a dedicar la vida a un ideal que también se vuelve operativo, a estar con las personas”.


La profesora Ochoa actualmente coordina la Práctica Profesional en didáctica y metodología, en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, e imparte cursos de literatura e italiano. En su trabajo de docente, resaltó que “el ser educador no es el simple transmitir conocimientos o técnicas, sino transmitir una vida”. Por ello, con sus colegas en la Universidad ha iniciado un diálogo sobre el sentido del ser educador, a transmitirlo también a sus alumnos que serán futuros profesores. “Es apasionante el deseo de ir a los colegas, a los estudiantes, entendiendo el sentido de por qué ser educador, haciendo una invitación valiente: ven y verás”, ya que esta experiencia le ha cambiado la vida y la ha hecho doblemente feliz.


Por su parte, el profesor Carlos Ciade contó que cuando uno es estudiante, busca personas, ambientes, en los cuales sentir una correspondencia, algo o alguien con quien se pueda compartir el tiempo y las inquietudes. En particular, habló de Paola, una profesora que le daba clases, que por la forma de conducirlas, le resultaban, al mismo tiempo, tan novedosas y familiares, como si hablara de algo que siempre había estado allí, pero que nunca nadie había tocado.


Recuerda que se le hizo una invitación a conocer a un grupo de amigos y a partir de esa invitación, empezó a nacer el deseo de volverlos a ver, porque habían, al menos dos cosas que le llamaban la atención: la primera era el modo en cómo se trataban, había entre ellos una cierta familiaridad, una cierta confianza en decirse las cosas, en hablar claro, sin miedo de ofenderse; y la otra, era la cantidad de tiempo que pasaban juntos.


Con el pasar de los años, terminó sus estudios y empezó principalmente a trabajar como profesor, en la Universidad Instituto Científico Técnico y Educativo (ICTE). Posteriormente, junto con otros amigos, crearon la Fundación José Vasconcelos, que apoya la educación de adolescentes y jóvenes. “El mundo de las fundaciones es un poco particular, es un mundo que se va haciendo cada vez más empresarial. Son muchas las empresas que hacen sus fundaciones con estos objetivos, pero nosotros queríamos que aquello que habíamos encontrado, pudiéramos vivirlo junto a otros, haciendo un trabajo que pueda ser un servicio a los demás. La particularidad es que tratamos de proponer el mismo método, vivir un tipo de relaciones no dominadas por la competencia, a ver quién es el mejor, y ni siquiera tratar de resolver todos los graves problemas que hay en la humanidad. Nuestro objetivo es simplemente tratar de llevar a los demás el mismo método, la misma amistad que conocimos nosotros”.




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