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Educar es acompañar

Conferencia sobre el Prof. Giovanni Riva


El día 19 de abril de 2018, en el aula I-11 del edificio ICAS de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, se llevó a cabo la conferencia “Educar es Acompañar”, en donde se presentó el tema educativo como transmisión de una experiencia, proponiendo la persona del profesor Giovanni Riva, como ejemplo de educador incansable que, al fundar escuelas, institutos y universidades, presentó siempre a este “misterioso desconocido”, como el que puede volver la vida humana bella y significativa.


Educar es transmitir una experiencia, una vida. Existe una responsabilidad de quien está en contacto con los jóvenes siendo que el profesor se transmite a sí mismo y a su forma de vida. Si uno tiene la conciencia que es educador recupera la conciencia personal y una seria posición humana. A través de mi relación de enseñanza con los jóvenes que tengo enfrente de mí depende el futuro. Sin embargo, ¿cuál experiencia, a través de mi enseñanza, estoy transmitiendo?


No se trata de una instrucción puramente técnica, sino de la transmisión de una experiencia mía, de vida. De esta manera la experiencia educativa nace de ligámenes que se construyen en el tiempo a través de encuentros humanos auténticos. Por esto la primera tarea del docente, decía el profesor Giovanni Riva, “es la de recuperar su propia humanidad y de comprometerse en su vida, en sus intereses, y también en su conocimiento particular o materia específica. Por esto se necesita de una comunidad que eduque, una compañía entre quien educa. Y si la vida es compañía, “educar es acompañar”. El joven, de hecho, tiene que ser guiado y hasta lanzado hacia su punto de origen, hacia una apertura grande a la totalidad, sin demasiados cálculos. Así se siente protagonista de su propia vida, en su ambiente se siente responsable de su Compañía.”


Por esa razón hemos elegido presentar la persona del profesor Giovanni Riva, un hombre excepcional, además de un amigo y un maestro, que tuvo un gran significado en la vida de muchos. Alguien que se olvidó de sí mismo para servir al hombre como tal y a su humanidad.


El deseo del prof. Riva era preparar a los jóvenes a una modalidad de juicio y a una capacidad de comunicación de ese mismo juicio hacia el exterior. Esta preocupación educativa hizo que, en diferentes partes del mundo, surgieran escuelas y universidades, nacidas gracias al encuentro entre el profesor Giovanni Riva y algunas personas deseosas de colaborar con el mejoramiento del nivel humano y social de la vida en su propio país: en El Salvador en el año 1993 el “Aula de Refuerzo Escolar y Humano, Las Abejitas” de la Fundación DIvina Providencia; en Honduras en el año 1998, la “Escuelita el Sol”, durante la emergencia surgida a raíz del Huracán Mitch, y muchas otras experiencias educativas y sociales.


Él mismo decía, a propósito de la creación de estas escuelas: “Las escuelas nacieron del deseo suscitado en nosotros, padres jóvenes, por parte de nuestros hijos: deseo de que ellos, un día hombres maduros, pudieran vivir con inteligencia y con libertad su experiencia terrenal. Los que empezaron estas escuelas lo hicieron porque consideraban muy auténtica la experiencia de humanidad y de cultura que estaban viviendo; la intuían válida no sólo para los hijos que amaban, sino también para todos; estaban conscientes de que, mientras se introducen las nuevas generaciones en la realidad, educar es provocar y despertar en ellos la conciencia del significado primario de la realidad misma”.


Al describir “su” y “nuestra” escuela, explicaba que el fundamento de su trabajo educativo era la persona y que el concepto educativo fundamental viene de la experiencia cristiana que trataban de vivir: “El cristianismo crea una realidad diferente, ¿y tú a qué puedes educar sino a lo que tú crees, a lo que más amas con todo tu corazón? Lo que más nos interesaba era dar a los jóvenes una cultura que les hiciera decir: Yo tengo notas buenísimas y conozco todo muy bien: la matemática, la informática, la técnica empresarial, los autores clásicos y modernos. Pero, para mí, todo esto es como basura, en comparación con el conocimiento de Jesucristo”.


Sobre la escuela expresaba: “Nuestra escuela es una escuela incómoda. Es incómodo el hecho de que exista, porque su nacimiento no fue idea del poder y porque nadie puede aprovecharse de ella y hacer de ella lo que quiere”. En estas palabras se evidencia su atención educativa que nacía de la convicción de que cada hombre busca su realización, un sentido para su vida, una amistad verdadera capaz de llenar de significado el tiempo de la jornada, la fatiga del estudio y también el deseo de lucha, propio de la juventud.


La educación es un aspecto indispensable para el desarrollo de las personas. Educar no es una tarea exclusiva del maestro, sino que todos estamos involucrados en ella. Es cierto que educar implica enseñar conocimientos o técnicas; sin embargo, no debe limitarse a transmitir únicamente aspectos intelectuales, sino que debe conllevar también a una preocupación por aquellos que educamos. Hay que ir más allá, es decir, entablar una relación de amistad verdadera y desinteresada. Se instruye con la propia humanidad; es decir, yo educo con mis acciones, no en el sentido que uno debe saberlo todo, sino que haciendo propuestas concretas uno transmite a quien tiene a la par la experiencia que vive. Desde este punto de vista, me doy cuenta de que soy educador del que tengo al lado, aunque este tenga la misma edad o incluso sea mayor, porque tengo la conciencia de que con mis actos yo construyo -o no- una compañía de personas interesadas en el otro, no para instrumentalizarlas o manipularlas, sino porque tienen el deseo de encontrar la verdadera felicidad, de construir juntas una humanidad nueva. Entonces, esta responsabilidad, esta tarea, dura toda la vida.



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