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El diálogo de los trabajadores

Conferencia del Dr. Héctor Samour


El jueves 16 de mayo del 20191, se llevó a cabo, en la Universidad Centroamericana José Siméon Cañas de San Salvador, la conferencia “El diálogo de los trabajadores”. La ponencia fue sostenida por el doctor Héctor Samour, filósofo y catedrático.


El doctor Samour inició la conferencia explicando el título “El diálogo de los trabajadores”, que hace referencia a las conversaciones promovidas por los componentes del centro cultural One Way, sobre la forma en la cual enfrentar el mundo del trabajo; siguiendo con un recorrido sobre la definición de trabajo en la historia de la filosofía. Destacó cómo la ciencia económica tradicionalmente ha manejado un concepto de trabajo restringido a la pura actividad económica, sin dar cuenta al lugar y sentido del trabajo en la totalidad de la existencia humana. Esta concepción ha condicionado, a su vez, la idea del trabajo en general. Sólo se considera trabajo la actividad económica, entendida esta como la actividad dirigida, no libre, cuyo modelo es el trabajador asalariado. Por ejemplo, Marx Weber considera trabajo sólo la actividad rectora mediante disposiciones.


Subrayó, además, la necesidad de partir del hecho que el concepto de trabajo es un concepto filosófico, ontológico, un concepto que tiene que ver con el ser de la realidad humana, algo que no lo ve ni la moderna ciencia laboral, ni la psicología del trabajo, ni la sociología del trabajo entre otras ciencias sociales. En Hegel está la idea de un ser que actúa como sujeto, que actúa para sí, esto es la idea del ser humano que trabaja, que sale de sí hacia el elemento de la permanencia. De igual manera, explicó la posición de Karl Marx, donde el trabajo es una condición de la existencia, es parte esencial del ser humano en cuanto es una actividad mediante la cual se reproduce y se auto realiza y por cuya mediación es posible el metabolismo entre hombre y naturaleza, es decir, la transformación del mundo y del ser humano mismo.


En estos filósofos el trabajo aparece como acontecimiento fundamental de la realidad humana, como un acontecer que domina de modo continuo y duradero la totalidad del ser humano, que acontece algo con el mundo del ser humano. En el libro “Ética y revolución”, Marcuse no llama el trabajo actividad si no hacer. Este autor dice que mediante este hacer el ser humano llega a ser para sí lo que es en sí. Es decir, se auto realiza. El trabajo es aquel hacer mediante el cual el ser humano logra la forma de su realidad y hace del mundo algo para sí. Por esto el trabajo entendido como hacer se define como praxis. Esto significa no sólo que de facto todo proyecto de trabajo encuentra frente a sí objetos a elaborar, sino que indica también que la transformación de las cosas y de las situaciones dadas es una tarea propuesta a la realidad humana, y solamente mediante el cumplimento de esta tarea, esta realidad puede llegar a ser para sí, puede encontrar a sí misma. El acto de la vida humana es praxis, en el sentido que el ser humano tiene que hacer su propia existencia, tiene que asumirla como tarea y cumplirla.


El devenir humano es hacer acontecer, a diferencia del animal que es un dejar acontecer. El animal no humano no se hace cargo de su existencia, deja acontecer su existencia. Por el contrario, el ser humano siempre se enfrenta a una situación que no es la suya, de modo que no puede, sencillamente, dejar acontecer su existencia en esta inmediatez en la que está. Cuando un ser humano deja acontecer y no asume activamente la tarea de construir el sentido de su existencia está en el plano del animal no humano, está animalizado en una condición de animalidad.


Por otro lado, enfatizó que hay que romper con la visión de la economía como el mundo de las mercancías. Hay que proponer una economía que contribuya no sólo a la satisfacción de las necesidades físicas sino como satisfacción de la totalidad de las necesidades del ser humano integralmente considerado. Por esto explicó la visión de Ignacio Ellacuría que proponía una “Economía de la pobreza”, planteando una civilización del trabajo que supere la civilización del capital como una forma de liberación del trabajo. Se trata de promover una nueva civilización, ya no regida por la ley del capital, sino que incluya a todos en sus beneficios, que garantice de modo estable las necesidades básicas y haga posible las fuentes comunes de desarrollo personal y la posibilidad de personalización.


Se trata de revertir el sistema, comenzar un nuevo orden histórico que transforme radicalmente el actual. La civilización de la pobreza se puede llamar igualmente una civilización del trabajo, dice Ellacuría “La pobreza que da cornadas es la que surge de su contraposición dialéctica con la riqueza, la que es el de una civilización del capital, pero no la que resulta de una civilización del trabajo. Pero, no se trata de cualquier trabajo. El trabajo sin el cual el capital no prospera no es el trabajo tomado como negocio y que llena el ocio, sino el trabajo tomado como negocio y que es la negación del ocio Trabajo y ocio no deben contraponerse. El trabajo produzca o no valor y últimamente se concreta en mercancía y capital es, ante todo, una necesidad personal y social del hombre para su desarrollo personal y equilibrio psicológico, así como para la producción de aquellos recursos y condiciones que permiten a todos los hombres y a todo el hombre realizar una vida liberada de necesidades y libre para realizar los respectivos proyectos vitales. Pero entonces se trata de un trabajo no regido exclusiva ni predominantemente, directa o indirectamente por el dinamismo del capital y de la acumulación sino por el dinamismo real del perfeccionamiento de la persona humana y la potenciación humanizante de su medio vital del que forma parte y al que debe respetar.”[i]


El doctor Samour cerró la conferencia con las palabras de Ellacuría explicando que este ideal utópico de una plena libertad para toda la humanidad, solo puede ser puesta en marcha por un proceso de liberación donde los sujetos principales son las víctimas que sufren este orden injusto, las mayorías populares y los pueblos oprimidos del planeta. Dice Ellacuría “La revolución que se necesita, la revolución necesaria, será aquella que pretenda la libertad desde y para la justicia y la justicia desde y para la libertad, la libertad desde la liberación y no meramente desde la liberalización, sea esta económica o política, para superar así el mal común dominante y construir un bien común, entendido este en contraposición de aquel y procurado desde una opción preferencial por las mayorías populares.[ii]”

 

[i] I. Ellacuría, “El desafío de las mayorías pobres”, op. cit., pp. 1077-1078.

[ii] I. Ellacuría, “Utopía y profetismo”, op. cit., p. 172.



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