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El empeño del poeta

la necesidad de un juicio esperanzador


La poesía ha sido, desde edades antiguas, un medio a través del cual el hombre ha puesto interrogantes sobre el sentido de su existencia, por esta razón se considera arte en la medida en que acerca el hombre a su significado último. Pero, existe siempre la tentación de una poesía más preocupada por los formalismos que por llegar al corazón. El siglo XX ha dictado la separación entre la vida cotidiana y la palabra, así la poesía se ha transformado en el “ars gratia artis”, despreocupada del drama de la existencia. Sin embargo, el empeño del poeta no puede ser más que el deseo de cambiar la realidad, porque una poesía sin tarea es una poesía vacía. Detrás de la composición, del ritmo, del hexámetro, de la rima, ¿qué se esconde?


La homologación del pensamiento común ha aniquilado el significado que ocultan las palabras: por ejemplo, la palabra “amor” a diario es abusada, así como las palabras “trabajo” o “libertad”, y muchísimas otras. Dos son, entonces, las posibilidades: o las palabras son un absurdo, un sin sentido, o en ellas se esconde un misterio, una promesa, algo positivo. Las poesías sirven para modelar las almas y son también un objeto del cual podemos enamorarnos hasta las raíces, dedicándoles la vida, porque el poeta, que habita el bosque de los símbolos, odia aquello que es impreciso. Cada uno de nosotros puede tener una alta capacidad intelectual o de palabra, que pueden también ser las dotes de un intelectual, pero si no comprometen nuestra existencia con su juzgar y con su decir, se limitan a ser un juego teórico.


Hay poetas, en cambio, que escriben en base a su experiencia, están involucrados con lo que dicen, sus versos son la vida contemplativa de quien aprende del cotidiano vivir: por ello vive hasta el sacrificio de sí. Esto no tendría sentido si detrás de cada palabra no percibiéramos un posible positivo. De hecho, a lo largo de toda la historia han existido personajes que han dedicado su vida a lo que decían, tanto que su persona era su mismo mensaje. Así nosotros debemos comprometernos con lo que decimos.


Que las palabras que nos decimos sean un compromiso, que cada palabra sea una promesa que nos hace movernos, comprometernos hasta dar la vida. Para One Way, el trabajo cultural es algo natural, forma parte de nuestra humanidad y no puede ser puesto a un lado. A través de cada acción concreta pasa un juicio, cada uno se compromete con lo que dice.




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