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En recuerdo de Andrey Mironov


Los integrantes del Centro Cultural One Way conocieron a Andrey durante el Congreso Tonalestate, en Italia, donde fue invitado a contar su historia, su vida. Por ello, queremos recordarlo con algunas palabras de Giorgio Fornoni, fotorreportero italiano que trabajaba con Andrey Mironov para denunciar las injusticias que se cometen en el pueblo ruso.


Andrey Mironov, prisionero político soviético, ex disidente, encarcelado por Gorbachov en los gulag, fue asesinado en un ataque el 24 de mayo de 2014, en Ucrania. Trabajó con los políticos y militares de la resistencia chechena para tratar de conseguir un plan de paz referente al problema del genocidio en Chechenia y de los pueblos caucásicos. Luchó toda su vida por la paz y la defensa de los derechos humanos en Chechenia y se dedicó a denunciar las violaciones a estos derechos, ayudando a muchos periodistas extranjeros a contar las noticias en su verdad.


Giorgio Fornoni lo recuerda como un hombre que luchaba contra los sufrimientos y los abusos que los más débiles tienen que soportar: “Con él viajé por todo el imperio soviético, reuniendo imágenes y testimonios de increíble humanidad. [...] Él me acompañó en los gulag más tristemente famosos [...] ‘Para no olvidar’, me decía, ‘y que la memoria no sea solo para la Shoah’ […]. Muy interesante ha sido también el viaje en Transiberiana: seis días, seis noches y nueve fusos horarios, de regreso de Vladivostok hacia Moscú. De cada región y de cada ciudad me contaba las bellezas y los sufrimientos. Conocía muy bien estos lugares: él había nacido en Irkutsk, en el lago Bajkal. Me había acompañado en aquella lejana capital porque tenía que reunir imágenes de submarinos nucleares fuera de servicio y oxidados […]. Me acompañó en la investigación sobre el gas y se asombró cuando entramos en el rascacielos, sede del poder energético de Rusia, Gazprom, para entrevistar al portavoz. Muchas veces viajamos a Chechenia para investigar sobre los periodistas rusos de primera línea, después de la muerte de la Politkovskaja y de Natalya Estemirova; y, con tristeza, me acompañó para entrevistar a Ramzan Kadirov, el temible presidente checheno. En estos doce años, encontramos a muchos personajes y viajamos juntos en muchas otras regiones. Nos gustaba, después del trabajo, ir a un restaurante georgiano y sentarnos a tomar una cerveza y comer khachapuri, para compartir una lucha por los derechos humanos, de los cuales él fue un gran activista desde siempre […]. Camus escribió: ‘He comprendido que no es suficiente denunciar una injusticia. Es necesario también dedicar la vida para cambiarla’. Y Andrey esto lo ha hecho. Por lo tanto, gracias Andrey por todas las sugerencias y todo el trabajo que me has permitido y ayudado a realizar, eras un verdadero amigo”.




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