La madre

Bertolt Brecht (autor), 1932


Entre los autores de la crisis existencialista del ‘900 debemos incluir Bertold Brecht. Cuando Sartre y Camus aparecen como lúcidos intérpretes de la crisis contemporánea en su dimensión existencial y metafísica, más bien es Brecht quien conduce una crítica de la realidad contemporánea, en sus aspectos históricos, sociales y económicos, valiéndose de los elementos de la ideología marxista.


Nacido en Baviera en 1898 de familia burguesa (el padre católico, la madre protestante), tuvo una personalidad esquiva y, al mismo tiempo, muy crítica desde que era joven. En 1916, en un ensayo sobre el verso de Horacio, “dulce et decorum est pro patria mori”, Brecht manifestó un juicio negativo sobre la muerte heroica afirmando además: “la frase de que dulce y honorable es morir por la patria puede ser considerada sólo como propaganda para usarse con determinados fines…sólo los tontos pueden ser tan vanidosos de desear la muerte, pues entre más la afirman, es porque más se consideran lejos de la última hora. Pero cuando la comadre muerte se acerca, huyen despavoridos escondiéndose en sus escudos como hizo en la batalla de Filippi el inventor de esta máxima, el gordo bufón del emperador”. El episodio creó un pequeño escándalo, pero Brecht evitó la expulsión argumentando su personalidad rebelde y anticonformista. El teatro “de ideas” de Brecht trata sobre el tema del drama del hombre, de frente a la ambigüedad del bien y del mal. Según la concepción marxista del autor, es posible superar tales contradicciones solamente en la óptica de una revolución social y política. Brecht cree en un teatro didáctico-realista, que eduque a la lucha a las clases más humildes a las que se dirige, y es autor de obras dramáticas.


Bertolt Brecht extrajo la materia de su Lehrstück La madre (1932) de la novela homónima de Máximo Gorki (1907) que narra la historia de Pelagia Vlassova que, convertida al pensamiento político del hijo Pavel y de sus amigos, se ve envuelta en sus acciones clandestinas y por eso es llamada por todos La Madre. Brecht alarga la duración del evento en el tiempo (hasta la primera guerra mundial y a la vigilia de la revolución de octubre), con respecto de la obra original de Gorki, y extiende también sus significados; es un notable modelo de Lehrstück, o sea de drama didáctico, pero llevado más allá de las medidas geométricas, por ejemplo, de La excepción y la regla. Hay en realidad, aquí, en vez de la equidistancia que caracteriza a la posición de Brecht en comparación con los personajes-damas de sus dramatúrgicas partidas de ajedrez (hablamos siempre de los dramas didácticos), una evidente carga sentimental que reviste al personaje de Pelagia Vlassova, la madre. Este cargo, por demás, no lleva a la identificación del autor con el personaje. Gran animal, todo instinto e inteligencia natural, Pelagia Vlassova, madre del obrero Pavel, joven revolucionario de la Rusia del 1905, se pone al centro de la acción, como objeto de un experimento de recuperación de la conciencia de su clase. No por nada, esta obra de Brecht, escrita entre 1930 y 1931, última en ser presentada, con una memorable interpretación de Helen Weigel (que fue también la protagonista de la famosa recuperación al Berliner Ensamble), en la Alemania pre-hitleriana (luego, para Brecht, habría comenzado el exilio), también se definió la “historia de un aprendizaje”. Y el aprendizaje de la madre proletaria sobre el “largo camino tortuoso de su clase”; con sus escalas, hasta la conciencia completa, que la hace fuerte hasta hacerla soportar casi sin pestañear, la muerte del hijo fusilado por la policía zarista.


En la Rusia de los años comprendidos entre 1905 y 1917, Pelagia Vlassova cumple una decisiva toma de conciencia de los problemas y de los sufrimientos de su clase. El suyo es un camino de ascensión: claro, se ve empujada a su primer acto revolucionario por defender al hijo Pavel; pero sucesivamente, en cada nueva acción suya, crece en ella la conciencia y la convicción de que las cosas deben cambiar: y entonces se vuelve “la encarnación misma de la praxis” como ha dicho justamente Walter Benjamín. El fin primero de Brecht aquí era mostrar a un público proletario que en la escuela de la lucha cotidiana los trabajadores pueden transformarse en técnicos de la política; por lo tanto está claro que en algunos puntos se cae en la divulgación de un comunismo que hoy puede parecernos un poco elemental. Pero no debemos olvidar los años en los que Brecht escribió "La madre", años en los que se ve a Alemania envuelta en un caos sin precedentes: situación catastrófica (cuatro millones de desocupados en diciembre de 1930 que se elevan a cinco en los primeros meses del ’31) en la cual en mismo partido comunista no se distingue por claridad estratégica. El reclamo se explica tan fácilmente, en términos muy simples, en los límites de la mezquina divulgación, de Brecht, a una correcta praxis marxista.


En La madre hay una escena en la que los obreros en huelga rechazan las tesis de un sindicalista que los invita a desarmarse y a tratar con el patrón: en esta escena Brecht enseña al espectador (al menos al obrero) a reconocer a sus peores enemigos, a aquellos que, en sus mismas filas, les incita a conformarse con “de los males, el menor”. Naturalmente, en el debate, esta escena sirvió de pretexto a algunos simpatizantes de izquierda extraparlamentarios para lanzarse contra el revisionismo de los partidos de la izquierda tradicional. Cuando Brecht escribía La madre tenía presente la situación alemana de aquellos años, por lo cual atacando al “revisionismo”, atacaba al partido socialdemócrata alemán, partido que en 1930 se prestaba al juego de “de los males, el menor” representado por el Gabinete Bruning, el que se distinguía de los gobiernos anteriores por un indudable viraje a la derecha. Está bien, entonces, cuidarse de la instrumentalización fácil. El interés y el valor de "La madre" no radican en su naturaleza exclusivamente política, debemos incluso subrayar que la lenta configuración, dentro de los esquemas del teatro didáctico, de un nuevo personaje dramático, que ya no es el anárquico rebelde de los experimentos juveniles, ya ni siquiera la máscara abstracta de tantos Lehrstück, se coagula por primera vez en el perfil áspero y a la vez humano de la Madre, con que Brecht inaugura esa galería de extraordinarias figuras femeninas que alcanza a través de Mutter Courage y Shen Te, hasta la Grusa del Kaukasischer Kreidekreis.


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