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Latín y lenguas romances: el español

Conferencia de la Lic. Daniela Ticconi


El viernes 20 de febrero de 2015 en la librería de la Universidad Autónoma de Tegucigalpa, se realizó la conferencia “Español, un legado de nuestros antepasados” a cargo de la Licenciada Daniela Ticconi, lingüista experta en traducciones.


El español, así como otros idiomas (italiano, portugués, catalán, etc.) en su mayoría, procede del latín, pero ¿cómo se produjo la evolución del latín a las lenguas románicas? ¿Cómo se descompuso el latín y nacieron estos nuevos idiomas? ¿Qué pasó, por ejemplo, a las consonantes dobles latinas? ¿Y qué le pasó a los acentos breves y largos?


Pues obviamente no pasó de un día para otro. Muchos factores históricos y sociales influyeron; que, de hecho, se deberían estudiar para comprender mejor este fenómeno. La evolución de un idioma está estrechamente ligada a la historia del país y a las migraciones. Por ejemplo, con la conquista de los árabes, que se asentaron en la antigua Hispania desde el siglo VIII y hasta el 1492, entraron en nuestro idioma muchas palabras relacionadas con la vida concreta del ser pueblo. Palabras de uso cotidiano como “alcalde” del árabe al-qadi (el juez), o “almacén” del árabe al-majzan (el depósito) o “albóndiga” (la bola). Asimismo el periodo de las colonizaciones fue muy interesante desde el punto de vista lingüístico.


Con la llegada de los españoles a América, el español se enriqueció con terminología relacionada a la flora y fauna, como lo demuestran los siguientes términos: batata, barbacoa, caimán, aguacate, cacao, chocolate, petate, tomate, entre otros. Son muchas las interrogantes lingüísticas que todavía buscan una respuesta, pero sobre todo me pongo la pregunta ¿de qué me sirve saber todo eso? En realidad estas que parecen ser solo teorías, me ayudan a conocer la historia de mi lengua, así como la gente que la forjó, su país, su historia político-cultural y social, que se vuelve mi historia.


Al mismo tiempo, estudiando la evolución de mi lengua, puedo aprender a usar bien el idioma y, en un cierto sentido, a cuidarlo de la colonización de extranjerismos innecesarios que abundan en los medios de comunicación. El idioma es un bien que debo salvaguardar, es mi patrimonio, como nos lo explica su etimología: del latín pater y monium, es decir, deber del padre hacia sus hijos.



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