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Más allá de la justicia

One Way - iustitia


Cuando hablamos de técnica, inmediatamente pensamos en los grandes avances tecnológicos y científicos, y en los descubrimientos que a través de ésta se han logrado, avances que constituyen nuestro añorado progreso. La revolución industrial trajo consigo significativas mejoras: el uso de fuentes de energía como el petróleo y la electricidad, el surgimiento del teléfono y desarrollo de los medios de transporte, entre otros, hasta llegar al internet que ha revolucionado la forma de actuar y vivir. Sin embargo, al mismo tiempo, se han creado, por ejemplo, las armas, las bombas, las bases nucleares y las guerras necesarias para su fabricación y venta; sin hablar del almacenamiento de virus en los laboratorios que luego se emplean como armas de destrucción masivas; o también el manejo de las redes sociales, que ahora permiten tener una vida virtual en la que se olvida la propia humanidad, las relaciones y las problemáticas reales.


Cuando el interés personal es lo único que vale, la "dictadura" de la técnica sirve más a la manipulación que a la resolución de problemas. Por ello nos preguntamos si el hombre y su existencia puedan ser equiparados o limitados por una máquina. Hay una contradicción en el uso de la técnica porque no se comprende al servicio de quién sea usada y si se deba entender como instrumento o como fin. Nos horrorizan las afirmaciones de la omnipotencia de la tecnología en hechos que, al usar las técnicas más avanzadas, ponen en peligro al hombre y la vida, incluso a nivel mundial.


La organización tecnológica de la civilización, para sobrevivir y dominar, evita que el hombre tenga un significado y una salvación que son "otros" de la técnica misma. La ciencia se vuelve un medio para fragmentar el ser humano por ámbitos, con la intención de interpretar cada aspecto de su realidad sobre la base del modelo mecánico. De esta manera se elimina la identidad y la cultura, distrayendo a cada persona de la búsqueda de su propio significado. De hecho, las ciencias tienden a aislar campos que son gradualmente particulares y "especializados" en objetos (política, sociedad, lenguaje, genes, sexo, etc.). Todas las técnicas, aunque nacidas de un interés en el hombre y al hablar de algo que se refiere al hombre, tienden cada vez más a reclamar su autonomía con respecto a lo humano; volviéndose el hombre al servicio de la técnica.


Estamos convencidos que esta “civilización de la técnica” seguirá en aumento hasta que los seres humanos lo permitan. Es necesario que la persona se ponga en juego y ponga el acento sobre cómo la técnica sea empleada. Todo depende de la manera en cómo el individuo decide ocuparlas. Para no dejarse manipular sería suficiente abandonar el cómodo sofá y ponerse a trabajar en la construcción de una sociedad en la que, casi contracorriente, predomine el genio del amor y el respeto por el otro, un pequeño signo de humanidad positiva, que posibilita el encuentro entre las personas.



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