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No soy de aqui ni soy de allá

Migración, éxodo del hombre: ¿crimen, necesidad o evolución?


En un mundo ahogados por las injusticias, un mundo que provoca tanto dolor injusto en las personas, al punto de verse obligadas a tener que dejar sus países, en búsqueda de un trabajo digno para poder enviar un poco de dinero a sus familias, el Centro Cultural One Way quiere poner al centro el hombre con todas sus necesidades, para generar una verdadera vida hecha de anhelos hacia todo el mundo y no de individualismos, interesandonos y encontrándonos con los demás.


Las migraciones siempre han existido y no necesariamente con el fin de escapar de una situación de escasez o de peligro. Es más, se podría decir que la humanidad ha evolucionado gracias a los movimientos poblacionales; los desplazamientos humanos han sido siempre fuente de riqueza. Ahora, en cambio, en la mayoría de los casos, el que migra lo hace porque su propio hábitat se ha vuelto invivible y, si no bastara, se dirige a un lugar donde con toda seguridad no será visto con buenos ojos. Dos preguntas se nos vienen a la mente: si una persona estuviera bien ¿buscaría irse de su país? Pareciera que el sistema funciona en forma perfecta, pero al mismo tiempo obliga a una parte de la población mundial a buscar incansablemente desplazarse hacia otra parte. Además, ¿por qué los que construyen muros tienen miedo a que la gente emigre a su país? o ¿por qué algunas personas son aceptadas y otras no? En un mundo donde prevalece el individualismo, el que interfiere con mi comodidad es siempre un estorbo, de manera que el sistema es considerado perfecto en la medida en que es capaz de evitar que un extraño usurpe lo que me pertenece. En un sistema diseñado para el enriquecimiento personal, la propiedad privada parece ser la madre de todos los derechos. Por ello, la migración es solamente considerada en su potencial de lucro o beneficio. Lo único que me importa es lo que sirve a mi interés personal y a mi clan. Sin embargo, el encuentro con el otro podría ser una ocasión de riqueza si dejáramos a un lado nuestra inmovilidad y el miedo a perder lo que ya hemos adquirido.


Estamos yendo hacia una sociedad multicultural en la cual deben ser aceptadas y valoradas las diversas identidades –diversas pero no homologadas a alguna en particular, ni hegemónicas– para que no se vuelva intolerancia sino identidad. ¿Es esto posible? ¿Qué condiciones son necesarias para cambiar esta mentalidad? ¿Cómo y qué debe cambiar?


La sociedad actual debe preservar espacios en los cuales las diversidades culturales, sociales y religiosas, puedan ser tomadas en cuenta en todos los ambientes, es decir, en el campo científico, académico, político, religioso, y en todos los lugares del vivir social. Debe ser retomada la libertad de poder intervenir con la propia cultura a la par de otras realidades, en un diálogo positivo y constructivo, en el respeto de todos. El “one way”, el único camino, es el construir un sistema nuevo en que el ser humano, en su conjunto de necesidades, y no el interés individual, ni el poder o el dinero, sea el centro de las relaciones sociales.



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