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¿Poesia, por qué?

“Poesía perdóname por haberte hecho comprender que no estás hecha sólo de palabras”. El mes pasado, nuestros amigos de Honduras nos hicieron reflexionar sobre la eventualidad de que la poesía no puede ser considerada simplemente un producto estético, algo que solamente hay que contemplar y cuidar. Justamente a esto hace referencia la frase y toda la obra de Roque Dalton.


Es la poesía que, como muchas otras acciones humanas, se preocupa de la justicia, denuncia los abusos, habla de la realidad que vive e interpela directamente las circunstancias. La llaman poesía comprometida, pero ¿qué significa esto? ¿Comprometida con qué o con quién? ¿La poesía puede ser un instrumento que ayude a entender más la realidad o a comprometerse con ella? En una poesía, ¿qué relación hay entre la palabra y la vida? En fin, ¿qué buscan todos y qué busco yo en una poesía?


La mayoría de las personas no se interesan por la poesía, pues es considerada intelectualismo, cosa de eruditos, pérdida de tiempo. Ya los romanos decían “carmina non dant panem” (“las poesías no dan pane”). Pero algunos poetas nos recuerdan que no es así, que podemos legítimamente pedir a un poeta que nos interpele y nos despierte hacia la búsqueda de la verdad de lo que nos rodea. De hecho, cada hombre siente una inquietud frente a la vida. Nosotros somos un complejo de interrogantes, necesidades y deseos que buscan respuestas mucho más grandes de la realidad que nos rodea. Cuando no dejamos que la televisión, la superficialidad y la mentalidad de todos nos domine, nosotros somos seres en búsqueda. Por eso podemos decir que no sólo los poetas hacen esto, aunque ellos asumen el reto de expresar lo inexpresable.


La poesía comprometida, entonces, no es simplemente poesía de denuncia; es deseo de realización, es búsqueda de la verdad y de belleza, es encontrar lo que humaniza al hombre y a sus acciones. La poesía nos habla de cosas comunes, buscando el misterio que ellas esconden. Una poesía así nace únicamente de una experiencia, no es el producto de una acción de una persona aislada de la realidad.


Es necesario un compromiso, sobre todo, hacia aquellos que nos rodean; una unidad estructural entre todos los hombres de todos los lugares y de todos los tiempos. Unidad que como Centro Cultural “One Way” siempre estamos buscando, y que Roque Dalton describe tan maravillosamente en estos versos: “Mis venas no terminan en mí, sino en la sangre unánime de los que luchan por la vida, el amor, las cosas, el paisaje y el pan, la poesía de todos”.



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