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Prisión verde

Ramón Amaya Amador (autor)


Prisión Verde, novela del hondureño Ramón Amaya Amador, publicada en 1950, ha sido quizá el libro más conocido en Honduras. Fue escrita en los tiempos de la dictadura de Tiburcio Carías Andino y es símbolo de lucha contra la explotación y la represión al servicio del capital extranjero; pero sobre todo fue ejemplo de lucha para los campeños, obreros y campesinos, que exigían cambios radicales en favor del respeto a sus derechos.


El mismo escritor trabajó en las plantaciones bananeras ubicadas cerca de la costa atlántica hondureña; además fue periodista y a raíz de la opresión que se vivía en el régimen dictatorial que defendía los intereses de las bananeras, tuvo que salir exiliado del país, viviendo en Argentina y en Checoslovaquia, países que le ofrecieron asilo político.


Desde Prisión Verde, Amaya Amador expresa el ideal político, de equidad y justicia para todos. El título del libro hace alusión a la “prisión verde” de los campos bananeros. Los hombres, atraídos por la posibilidad de un trabajo que les resolviera su precaria situación de subsistencia, se iban a vivir en ellas, pero ya adentro iban cayendo cada vez más profundo en una maraña de explotación y esclavismo, del que no podían nunca salir. Los ambientes son descritos con crudeza, mostrando con detalle los lugares miserables en que vivían hacinados los trabajadores de la bananera y la injusticia a las que estaban sujetos provocaban la indignación de los campeños, que sin protestar se iban acostumbrando a ver la opresión como una situación normal. “La prisión verde no es solo oscuridad.”


Las mujeres también son víctimas de la opresión de los patronos en los campos, pues por la miseria, muchas campeñas se dedican a la prostitución y algunas son víctimas de abuso por parte de los jefes. Máximo Luján, el protagonista, va despertando de esta sumisión y se dedica a compartir, en las noches, con sus compañeros, los sueños e ideales de una lucha que pudiera cambiar su dolorosa e injusta situación. Frente al cadáver de su compañero, Don Braulio, regador de veneno, quien murió en plena faena doblegado por la tuberculosis, Luján dice: “Este hombre fue uno de los tantos engañados y (…) ¡Se lo comió el bananal! Murió de pie, con la escopeta en la mano, sirviendo a los amos extranjeros”.


Cuando en un accidente muere un conductor de una grúa, un jefe gringo se enoja con el cadáver del difunto por echar a perder la máquina con valor de miles de dólares y grita encolerizado: “¡Mejor se hubieran matado cien desgraciados!”. Esto provoca una gran indignación en los trabajadores, que ya no soportan tanto maltrato, por lo que deciden irse a la huelga, nombrando a Máximo Luján como líder. Al final del libro resulta evidente que “La prisión verde no es solo oscuridad. Este campeño encendió en ella el primer hachón revolucionario. Otros cientos de hermanos se encargarán de mantenerlo enhiesto”.


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