Renacer Juntos: una experiencia de solidaridad y fraternidad

un testimonio de cómo vivir compartiendo


Los amigos de Renacer Juntos nos compartieron el relato de una experiencia de solidaridad y fraternidad en estos meses. Renacer Juntos es el nombre de un grupo de amigos que quieren compartir su deseo es acercarse a los demás, sabiendo que todos los seres humanos comparten el mismo deseo de felicidad. Es por esta razón que les interesa poner en común sus capacidades e intereses, es decir, su misma humanidad, en un trabajo concreto y cotidiano, que pueda involucrar a personas apasionadas por la realidad.


Vivimos en distintos países del continente americano y allí donde nos encontramos, acostumbramos reunirnos en una amistad ideal, operativa y verdadera. Elegimos el nombre de Renacer Juntos porque es una expresión que deriva de la experiencia de trabajo social que unió a muchos de nosotros en la obra de reconstrucción de El Salvador, después del terremoto del 2001. En aquel entonces, decidimos trabajar con los niños de las familias más afectadas. Sin embargo, nuestra amistad requiere ser un constante “renacer” frente a una realidad cada vez más individualista, reafirmando siempre más el estilo de vida de quien desea reconocerse “junto” a los demás seres, recordando que no podemos estar solos y que siempre vamos a necesitar del otro para hacer esta vida más llevadera.


Por esto nos involucramos en distintas obras de carácter educativo que son, para nosotros, la expresión de la exigencia de compartir nuestro ser con los demás. En El Salvador, Honduras, Guatemala, por ejemplo, trabajamos con los niños de los mercados y de las comunidades más necesitadas, compartiendo tiempo y capacidades.


Vivimos estas obras como la invitación a descubrir la experiencia que está detrás de este trabajo con personas que desean experimentar el compartir como estilo de vida. Esto refleja nuestro deseo de ir hacia los demás, construyendo así, un nuevo tejido de compañía entre los seres humanos. Además, vivir el compartir nos ayuda a reencontrarnos y salir del confort de nuestra vida cotidiana y fortalecer el sentido de la amistad.


Por esto, frente a la cuarentena que hemos vivido en estos meses, la primera preocupación fue sobre cómo seguirnos viendo y encontrándonos. Y es así, que cada semana nos hemos reunido en una plataforma de internet, para poder seguir dialogando, conocernos y tratar de ayudarnos según las necesidades que las circunstancias nos requerían.


Tratamos de seguir en un contacto diario para compartir las necesidades de cada amigo, recolectamos medicinas, alimentos y ropa para los que lo necesitan o, sencillamente, hemos tratado de hablarnos, cantar juntos, intercambiar ideas para enfrentar la situación, y a la vez, conociendo nuevos amigos.


En particular en El Salvador, habiendo obtenido algunas donaciones gracias al trabajo de la Fundación Divina Providencia (FUNDIPRO), se comenzaron a repartir en la comunidad “Las Margaritas” en Santa Tecla, en el departamento de La Libertad, paquetes de víveres y otros de ropa para algunas familias de la comunidad, comenzando con aquellas de más necesidad. Esta labor ha sido de gran ayuda en el desarrollo humano de la comunidad. De hecho, más allá de poder llevar materiales, se trata de prestar una atención a las personas; involucrándose en saber cómo están, cómo han pasado estos meses. De hecho, los paquetes que se han estado entregando han sido preparados pensando en todos y cada uno de los integrantes de las familias de la comunidad, dedicando tiempo a estudiar las necesidades de cada uno. En realidad, hay una relación de amistad con estas personas, debido a que son familias de los niños que asisten diariamente al proyecto del Aula de Refuerzo Escolar y Humano Las Abejitas, una experiencia que FUNDIPRO lleva adelante desde hace más de veinte años, apoyando en el desarrollo integral de niños y jóvenes de esta comunidad. Cada paquete ha sido preparado con dedicación y esmero, pensando en cada uno de los integrantes de las familias, con el objetivo de entregarlo con gran afecto y no solo para dar o decir algo bonito.


Al momento de dejar los paquetes fue importante y bello, poder preguntar por su salud y cómo han sobrevivido en los meses de encierro. Asimismo, nos hemos dado cuenta que algunos padres de familia han perdido sus trabajos debido al recorte de personal en las empresas donde prestaban servicios y que la venta ambulante fue restringida. La primera determinación que tuvimos, desde el primer día que se declaró la primera fase de apertura económica, fue entregar esta ayuda a las familias, sabiendo que se encontraban en necesidad.


Gracias a esta labor de compartir, han acontecido muchos momentos de alegría a pesar de la difícil situación, por ejemplo algunas de las niñas que participaban en las actividades del aula de refuerzo escolar ahora estudian con una beca en una de las universidades más importantes de El Salvador y han conseguido muy buenas notas. El compartir con otros han sido momentos de inclusión, y de oportunidades para mantenernos en el encuentro con los demás.


El mantener siempre el contacto humano entre nosotros y con las personas involucradas en esta labor ha sido una forma de demostrar que esta amistad, ideal y operativa, está presente en cada circunstancia, a pesar de las dificultades, y que no estamos solos. Es así que la cuarentena no ha sido motivo para dejar de frecuentarnos, es más hemos logrado reunirnos con amigos de diferentes países y también conocer nuevas personas que se unen a esta red de amistad. El tener que acudir al encuentro del otro siempre es reconfortante y nos da la paz para poder seguir adelante. Tener a alguien a lado es un signo de pertenencia e identidad común que se experimenta, de esta manera se puede tener la certeza que a pesar de las adversidades de la vida cotidiana, si tenemos esta firmeza, en lo concreto, del seguir a una compañía de amigos, se puede caminar juntos y sin temores.


El deseo de vivir esta amistad ha hecho que nuestras diferentes profesiones y habilidades se conviertan en fortalezas de unidad, es decir, cada uno aporta lo que sabe, apoyando las diferentes obras que se hacen, aprendiendo que, involucrarse en estos tipos de relaciones, nos hacen más libres porque dedicamos tiempo al otro.



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