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Sinfonía armoniosa

Un encuentro humano auténtico


Como Centro Cultural One Way a lo largo de este ciclo de conferencias 2018-2019 hemos abordado el tema del arte, de la música, de la justicia, así como también de la importancia del trabajo para la vida de las personas. Sin embargo, un aspecto que nos parece relevante señalar es que todo lo que exponemos ha sido fruto de un encuentro.


Acontece, a veces, que gracias al encuentro con otro (un amigo o una palabra que genera curiosidad) entrevemos la esperanza de una vida plena y esto lo llevamos siempre en nuestra memoria. Así como a nosotros, también ha acontecido que alguien nos ha encontrado, ha escuchado una palabra nuestra, nos ha mirado de lejos. Estos compañeros ya son nuestros amigos. Por eso deseamos que cada acción se vuelva ocasión de este encuentro y tenga un eco vastísimo, implicando un cambio en las relaciones sociales.


Nuestro actuar, a menudo, se limita a buscar un poco de satisfacción o quitarnos una preocupación, pero no nos realiza como seres humanos. Deseamos, en cambio, un encuentro que revolucione la normalidad para mejorarla, deseamos tener un motivo más grande para estar juntos, deseamos un proyecto de vida que incluya todo aquello a lo que nos dedicamos; deseamos buscar verdaderamente lo que nos hace felices. En síntesis, deseamos aprender a amar el destino al cual todos los seres estamos llamados. En esto también la relación con el trabajo cambia porque sabemos que allí hay algo más. La normalidad se vuelve más verdadera y las relaciones normales se vuelven la ocasión para poder transformar todo el mundo en algo nuevo.


La necesidad de amistad que cada uno siente en su corazón nos empuja a una unidad operativa que revoluciona la cotidianidad. En efecto, la unidad entre las personas no es uniformidad; no es que todos debamos ser iguales como algunos pretenden que seamos. La unidad no es dada por la simpatía. Nuestra conversación, el diálogo entre nosotros, la unidad que nos representa es dada por el adherir a un proyecto común. Nuestra posición es aquella de poder buscar una amistad con todo lo real, una armonía con todo lo que nos rodea. Reconocemos que hay un destino bueno y no acontecen cosas negativas si no es para algo positivo. Entonces, todo es para un bien y nosotros podemos adherir a este bien. Lo real tiene un origen y un fin amoroso y paternal, por ello nuestra libertad entra en juego en el adherir o no a un proyecto común. Hay una sinfonía armoniosa en toda la realidad a la que puedo adherir poniendo en juego mi libertad. Los seres humanos tenemos la libertad para poder adherir a esta sinfonía y así realizarnos.


En medio de una realidad, donde cada uno hace ruido y busca lo suyo, necesitamos de un encuentro humano auténtico, necesitamos de una amistad que nos haga ser compañía con quienes tenemos a nuestro alrededor. De esta experiencia nacen ligámenes que se construyen en el tiempo volviéndose una comunidad de hombres enamorados de la humanidad, dedicados a una tarea, espejo de un ideal común.

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