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The power of one

J. G. Avildsen (director), 1992


P.K., llamado así por las iniciales de su nombre, al igual que su padre fallecido, es un niño sudafricano, de origen inglés, que a los siete años es enviado a un colegio dirigido por los afrikaners, porque su madre está gravemente enferma y en bancarrota, debido a la muerte del ganado.


Al llegar al colegio, es odiado por los jóvenes afrikaners (los primeros habitantes de la colonización blanca, es decir, alemanes y holandeses), ya que él es de Inglaterra. Acá, P.K. es perseguido y humillado especialmente por el jefe de los “grandes”.


El niño, después del funeral de su madre, encuentra coraje con la ayuda de la niñera y es enviado a vivir con su abuelo, su único pariente, que pronto lo confía a su amigo Doc, un viejo profesor alemán que había sido un pianista famoso y cuyos familiares fueron asesinados por Hitler. Doc inmediatamente se encariña con el inteligente P.K., quien lo ayudará a cultivar los cactus, mientras completa su educación.


Quienes hacen crecer a P.K. son los educadores (de profesión o no) que frente a la violencia y el racismo de esta sociedad sudafricana tan compleja, le enseñan a ver al hombre como un ser que tiene que realizarse y le enseñan también la lucha (incluso física) que su conciencia tiene que hacer todos los días frente a la mentalidad del poder, que no mira al ser humano en su totalidad, sino a su condición social, su raza, su color.


Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Doc es encarcelado por ser alemán, pero es tratado bien; puede encontrarse con P.K. cuando quiere y le lleva también su piano. Para que se vuelva fuerte y valiente, Doc hace que un viejo preso negro, Geel Piet, le enseñe boxeo al niño para que sepa defenderse, incluso de aquellos mayores que él. De hecho, luego se convierte en un campeón de ese deporte.


Con el tiempo, P.K. asiste a la escuela secundaria, dirigida por el profesor S.T. Jhon, que lo estima y le consigue una beca para estudiar en Oxford; mientras tanto, sigue siendo un campeón de boxeo y se enamora de una estudiante, María Elisabeth Marais, hija de un profesor que apoya el apartheid y que inmediatamente se muestra hostil al joven. Un día, P.K. lleva a María a ver cómo es la vida de la gente de color en el barrio negro de la ciudad, llamado “Alexandria”, la joven se queda tan impactada, al punto que decide dedicarse a enseñar a los negros a leer y escribir.


Esta película muestra que todavía hay lugares donde es posible que personas se dediquen a la educación con una mirada diferente; lugares donde todavía existe el perdón, el amor concreto y operativo de la caridad. El darse cuenta de esto implica tomar decisiones, a veces también sufridas, pero siempre decisiones.



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