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Todo nace de un encuentro


Publicamos este articulo que nos han hecho llegar algunos amigos de la asociación The Great Teachers, una asociación internacional presente en El Salvador, Honduras, Guatemala, México, Japón, Italia y Francia, conformada por educadores que laboran en el ámbito de la educación formal y no formal.


El profesor Giovanni Riva, en el texto “¿Por qué ser educadores?”, escribe “¿Qué cosa exige la educación? Antes que todo, la cosa fundamental no es tanto cómo ser o qué hacer con los jóvenes, sino cómo ser yo. Como soy yo (…) Por lo tanto la pregunta no es sobre una función, sobre una cosa que hay que hacer, sino que se vuelve una pregunta sobre mí mismo: “¿cuál experiencia, a través de mi enseñanza, estoy transmitiendo a los jóvenes que tengo frente a mí? “¿qué experiencia de vida tengo yo?”. El punto central del asunto es, por lo tanto, mi “yo”. ¿Cómo soy consciente del sentido de mi vida y cómo vivo?”


Estas preguntas provocan cotidianamente nuestro trabajo, porque no son sobre una función que tenemos que desempeñar, sino se vuelve una pregunta sobre nosotros mismos. El problema de un educador es la pasión educativa: la cosa fundamental no es tanto qué hacer con los jóvenes, sino como soy yo (la pasión de transmitir una forma de mirar hacia las cosas, de ver, juzgar, de enfrentar la realidad).


En este artículo queremos contar algunas experiencias educativas de amigos que, a través de la creación de algunas obras civiles, han dedicado, en diferentes situaciones, la vida a transmitir a los jóvenes esta forma verdadera de enfrentar la realidad a través de encuentros auténticos, obras cuya atención educativa nace de la convicción de que cada hombre busca su realización, un sentido para su vida, una amistad verdadera capaz de llenar de significado el tiempo de la jornada, la fatiga del estudio, el deseo de lucha propio de la juventud, todo. En este sentido entonces, educar es acompañar al joven en esta constante búsqueda.


INSTITUTO CIENTÍFICO TÉCNICO Y EDUCATIVO (ICTE)

“La más pequeñas de las grandes universidades” es el lema de una Universidad, el Instituto Científico Técnico y Educativo – o por su acrónimo, ICTE - que, en 1990, fundó, en la Ciudad de México, el Profesor Giovanni Riva junto con otros amigos; una persona con las manos, el cerebro y el alma no atados por aquellas piedras, grandes o pequeñas, que todos conocemos y que seguido nos impiden correr riesgos y crear lo nuevo. El primer principio que el ideario del ICTE establece es la que él llamó la “comunidad educativa”. Desde el conserje hasta el más prestigioso de los docentes: todos los que laboramos y colaboramos en el ICTE estamos invitados a vivir entre nosotros una democracia real, es decir una relación donde se busca y se trata de vivir la paz y la no-violencia. Lo que más solidifica la unidad de nuestra comunidad es la historia misma del ICTE: quienes lo iniciaron han luchado mucho para que otros compartieran esta misma visión.


En los años, se ha vuelto un ambiente pacífico y capaz siempre de sorprender, por el alto espíritu, la alegría y la dedicación que en él se pueden casi tocar con mano. En el ideario, resulta claro que educar es acompañar. Por tanto, este “acompañar”, que sugiere una cercanía de carácter muy especial con el alumno, continúa siendo el punto fundante de nuestra labor educativa. El punto es que un profesor o cualquier persona que tenga contacto con los alumnos no puede saber cómo acompañar si a su vez no se deja acompañar. Lo estupendamente difícil de la tarea del educador es que, si deja de dejarse educar, deja de educar.


En fin, un profesor, como cualquier otro educador (es decir, todos nosotros, porque de algunas maneras todos educamos o deseducamos a quien nos rodea), para poder acompañar a un alumno, tiene que formarse constantemente a la totalidad de sí mismo. Si hace este tipo de trabajo sobre sí mismo, sabrá transmitir una identidad auténtica, y esto genera comunión con el alumno, aun si nunca voy a tomar café con él, o si sólo comparto con él mis dos horas semanales dándole clase de matemáticas. Nuestro deseo es que se multipliquen espacios como ICTE en varios lugares, conscientes que esto requiere mucho sacrificio y un gran riesgo educativo, sacrificio y riesgo, pero, que son bien compensados, porque asistimos al florecimiento de personalidades muy capaces y a un constante movimiento de formación personal y comunitaria entre personas que caminan, estudian, trabajan juntos, compartiendo justamente el pan, la paz y el trabajo, que son tres necesidades fundamentales para el ser humano.


EL AULA DE REFUERZO ESCOLAR Y HUMANO “LAS ABEJITAS”

Hace veinte años, por iniciativa y pasión del profesor Giovanni Riva, junto a jóvenes universitarios y algunos docentes, nació el Aula de Refuerzo Escolar y Humano “Las Abejitas” que trabaja con niños, niñas y adolescentes de la Comunidad Las Margaritas en la ciudad de Santa Tecla, en la periferia de la capital de El Salvador. Cada día, desde hace veinte años, varios jóvenes universitarios y educadores trabajan con niños y niñas en edades entre los 2 y 15 años, ayudándoles en las tareas de la escuela, enseñándoles matemáticas, haciendo investigaciones para sus materias escolares como ciencia, lenguaje y sociales y con los más pequeños actividades como manualidades, juegos, cuentos, entre otras. La escuela para nosotros es el lugar y el tiempo en el cual las niñas, niños y jóvenes viven juntos un tramo muy importante de su existencia. En ella cada uno siente nacer, dentro de sí, aquel intento de entender que está llamado a ser, y la pregunta de felicidad que luego lo acompañará siempre.


Este proyecto educativo nace del deseo de acompañar, estar cerca y enfrentar juntos las situaciones también difíciles que pueden vivir los niños y jóvenes en estas “zonas marginales”, es decir al margen de la ciudad y de la mirada de las personas. Educar no es una tarea exclusiva del maestro, sino que todos estamos involucrados en ella. Cada día recorremos la zona de Las Margaritas para invitar a los niños y niñas a ir a Las Abejitas y esto nos permite tener una cercanía con las familias, encontrar los padres o familiares, y acompañarlos en las dificultades que viven en su cotidianidad. Gracias a esta frecuencia diaria recibimos la confianza de las madres que nos confían a sus hijos. De hecho, también las familias de los niños se involucran de manera activa en el trabajo de “Las Abejitas”. Ciertamente educar implica enseñar conocimientos o técnicas; sin embargo, no debe limitarse a transmitir únicamente aspectos intelectuales, sino que debe conllevar también a una preocupación por aquellos que educamos. Hay que ir más allá, es decir, entablar una relación de amistad verdadera y desinteresada.


LIBROS LIBRES

En el año 2012 nació en la ciudad de Tegucigalpa (Honduras) la iniciativa Libros Libres. Algunos de nosotros viendo la realidad del mercado Los Dolores donde muchos niños permanecían en la calle, deambulando solos en los puestos del mercado y la plaza, expuestos a muchos peligros y en el ocio, decidimos intervenir comenzando una actividad educativa.


Actualmente esta labor está presente también en El Salvador, Guatemala y México, donde es llevada adelante por jóvenes universitarios y educadores, que preparan las actividades para los niños que se encuentran en las plazas y mercados. Este es un momento a la semana donde se prepara un espacio físico, en el que se invita y acoge a niños, normalmente vendedores o hijos de vendedores en estos lugares; ahí juntos se propone una jornada en donde se puede jugar, aprender y sobre todo crear amistad. Este espacio se vuelve educativo, no sólo por el refuerzo y actividad didáctica que se prepara, en las cuales también se cuida la manera de compartir el material, de que todos puedan trabajar lo más cómodo posible, que siempre haya espacio para todos, sino además por la manera propuesta de estar los unos con los otros. Es un constante educarse a la amistad, a la tensión hacia las necesidades del otro y compartir no el tiempo libre, sino a nosotros mismos, capacidades, habilidades, todo lo que podemos ser estando con los demás. Junto a los niños se prepara una manualidad, se lee un cuento y se juega. Las actividades y manualidades con el tiempo se han vuelto un intercambio de ideas entre los diferentes países en donde está presente esta experiencia y así también la amistad entre los voluntarios que cada semana construyen entre ellos. La labor educativa, traspasa las paredes de un aula y se vuelve un constante acompañar a la amistad.


Todas estas experiencias educativas nos interpelan a nosotros mismos como educadores, a ser provocados y acompañados en nuestro trabajo cotidiano. No solo los estudiantes necesitan de esta provocación y acompañamiento, sino también nosotros. Esta es nuestra experiencia de vida, que queremos proponer a los demás.

The Great Teachers





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