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Un amigo para todos los tiempos

presentación de Los “New Workers"


Publicamos un artículo redactado por un grupo de amigos de distintos países y distintas profesiones, que habiendo comenzado a entrar en el ambiente laboral proponen una forma nueva para afrontarlo.


New Workers es el nombre de nuestro grupo de amigos. Somos de distintos países, con distintos intereses, distintos trabajos y distintos estudios realizados. Pero tenemos muchas cosas en común, sobre todo, hemos tenido la fortuna de haber encontrado una experiencia de amistad, algunos durante la universidad y otros durante nuestra vida laboral. Esta experiencia nos ha acompañado a cruzar el paso de la vida universitaria al mundo del trabajo, de una manera profunda e involucrándonos en nuestra circunstancia, ofreciendo un juicio claro a lo que nos acontece. New Workers (Nuevos Trabajadores), es una experiencia que no se limita a una propuesta juvenil; hemos descubierto un estilo de vida para cada estación o tiempo.


Estamos en aquellos años donde, con los estudios a las espaldas, se entra a una nueva condición, la de la vida laboral pero siempre tenemos el deseo de vivir y proponer cosas distintas, por ejemplo, esta amistad que hemos descubierto, y que también ahora, nos ayuda a volvernos adultos comprometidos con nuestras realidades.


Con el pasar del tiempo, con mayores responsabilidades y con más distracciones, hemos descubierto que cada uno está más tentado a buscar una autoafirmación, es decir, pensar que somos totalmente independientes, que ya no necesitamos de los demás, que lo que importa es un buen trabajo, el éxito, un buen salario o el amor ideal. Pero a través de la experiencia nos hemos dado cuenta que todo esto no es suficiente, pues no nos satisface totalmente. Es por esto que nosotros queremos seguir acompañándonos e impulsándonos a buscar en cada cosa, su justo valor, de modo que, ninguna de éstas nos esclavice, sino que, al contrario, todo pueda ser instrumento para incrementar lo positivo en nosotros mismos, en los que nos rodean y en lo que enfrentamos en la historia.


En este tiempo de cuarentena, hemos tratado de reunirnos de forma virtual desde El Salvador, Honduras, Guatemala, Estados Unidos y Costa Rica, todos juntos, para seguir profundizando las interrogantes que están en el fondo de nuestra conciencia frente a los desafíos que el mundo del trabajo nos pone enfrente. Comenzando este diálogo, con el estudio de un texto escrito por el Profesor Giovanni Riva, han surgido algunas reflexiones que queremos compartir.



1. La pereza como rechazo del bien

Pensando en la experiencia diaria podemos darnos cuenta que en repetidas ocasiones nos sentimos perezosos y desanimados cuando perdemos el sentido de lo que hacemos, es decir, cuando no nos preguntamos el porqué de las cosas que hacemos o de las relaciones que cultivamos. Entonces todo, hasta el trabajo más bonito o las relaciones con los compañeros de trabajo, se vuelven una carga cuando perdemos el motivo por el cual actuamos, los logros que alcanzamos no nos satisfacen por mucho tiempo. Esto nos lleva a pensar que el motivo quizás no es el correcto. El dinero que podemos ganar, la posición social que podemos alcanzar, hechos que últimamente no nos satisfacen.


Nos preguntamos ¿Cuál es el criterio con el que decidimos “el motivo”?


Si reflexionamos sobre el modo con el que tomamos nuestras decisiones, nos damos cuenta que muchas veces, actuamos como los medios de comunicación, los actores de cine, los profesores, los padres, la moda o las tendencias nos sugieren, siguiendo expectativas de otros sin escuchar nuestra propia conciencia ni nuestros verdaderos deseos dentro de nuestras realidades.


De hecho, las veces que nos detenemos un poco a pensar, podemos ver cuando algo es malo para nosotros mismos; por ejemplo, cuando una persona nos golpea, observamos que es algo malo porque nos duele, nos hace daño; en nosotros está la conciencia del bien, que corresponde más a un abrazo que a un puñetazo. Del mismo modo, aplicando nuestra inteligencia, en las relaciones que tenemos (con compañeros de trabajo, amigos, familiares, etc.) podemos ver si éstas corresponden a un bien para nosotros y para el otro.


No querer escuchar esta conciencia es, muchas veces, escoger la opción más cómoda, la que menos nos molesta o que no nos empuja a movernos de nuestro sillón y de nuestras seguridades, pues no implica trabajar ni esforzarnos por hacer algo distinto. Es decir, nos volvemos perezosos, aunque sabemos que el actuar en modo distinto corresponde a un bien.


Lo puedo ver en la práctica, en mi lugar de trabajo; puedo pasar horas quejándome de lo que tengo que hacer, sin tener el valor de decidir mi posición cuando veo algo que es contrario a lo que mi conciencia dice, pero que está de acuerdo con lo que piensa mi jefe.


2. El poder de la mentalidad común

Muchas veces en nuestra vida se pueden presentar oportunidades a las que no les damos importancia, quizás porque no nos cuestionamos si esa oportunidad ayudará a encontrar nuestra felicidad (o sea lo que últimamente nos satisface) o si contesta a nuestras necesidades más profundas. Nos hace falta tener un criterio claro con el cual juzgar todo, según nuestra conciencia y con una identidad definida de modo que se pueda vivir la vida con alegría y con un ideal superior.


Otras veces, a lo mejor, sí empezamos dando importancia a estas oportunidades, pero nos cuesta abrazarlas porque hay algo que nos frena, algo que está dentro de nosotros y que se apoya con aquella mentalidad común (que se presenta en todas partes, a través de las modas, los prejuicios, el deseo de poder, que nos quiere indicar la forma en que debemos vivir y ver la vida, etc.) que quiere adormecernos para dejar de lado lo que nuestra conciencia reconoce como bien. Estar dormidos nos hace apagar esa voz que nos cuestiona siempre. Justamente el cuestionarnos sobre la realidad, y sobre nuestros deseos más profundos, nos puede hacer valorar ese bien que puede ser apreciado solamente si le damos espacio e importancia.


La comodidad del no querer hacer algo (incluso por nosotros mismos y nuestro bien) nos hace sentirnos desmotivados porque es como seguir un camino que otros quieren que sigamos sin reflexionar sobre el significado que éste tiene para nosotros; a lo que la mentalidad común llama felicidad (una bonita casa, un buen sueldo, un carro nuevo…) no es en realidad nuestra felicidad última.


Esta es la diferencia entre el hombre que se cuestiona frente a la vida respecto a aquel que no lo hace y solo se deja llevar por lo que ya está impuesto o dado. Mientras uno busca algo que lo ayuda a ser más humano, sabe que este tipo de lucha para darle sentido a la vida, vale la pena porque es algo que lo hace encontrarse a sí mismo, el otro solo se acomoda y puede sentirse perdido al no encontrarse.


Por ejemplo, hay ocasiones que en el trabajo realizamos labores que propiamente, a simple vista no le vemos importancia porque la rutina las vuelve mecánicas y sentimos que solo son productos para nuestros jefes, esto hace que pierda el verdadero sentido, pero cuando recordamos que cada una de esas actividades pertenecen a una finalidad mayor, el sentido vuelve. Esto podría ser el caso, de quien trabaja en proyectos donde se ayudan a los jóvenes para que se involucren en conocer su realidad, a tomar conciencia de ella y a contribuir para mejorarla.


3. El deseo de infinito del hombre para un destino bueno

De hecho, querer mejorar la realidad corresponde a un deseo que advertimos como correcto: el de contribuir con nuestras capacidades a la sociedad en la cual vivimos. Sentimos que nuestro “hacer” (ya sea trabajo, estudio, la creación de una obra artística, una nueva receta para cocinar, un proyecto o un deseo) es algo ineliminable, sería impensable quedarse todo el día sin “hacer” absolutamente nada.


Esta necesidad indica que tenemos adentro el deseo de participar en la realidad; no podemos quedarnos descansando toda la vida. Al mismo tiempo, siempre en el “hacer” hay algo de insatisfactorio, cada iniciativa que comenzamos nos empuja a ir un poco más allá. Es como si toda la realidad y nuestra misma colaboración a esta, nos enseñaran el deseo de algo más grande, tanto más grande que nos parece infinito, pero que, al mismo tiempo, corresponde a nuestros deseos más profundos no obstante nuestros límites.


Esta es la mirada que queremos tener sobre la realidad, en las relaciones entre nosotros, con los compañeros, sobre nuestro trabajo, sobre nuestro “ser” más que sobre nuestro “hacer”.


4. ¿Qué nos vuelve hombres nuevos?

Si tenemos esta mirada, la de encontrar la diferencia entre un sujeto y otro, nos damos cuenta que lo que le impide, o le distrae, es algo malo, aunque muchas veces, como hemos dicho, ésta mirada se presenta más sencilla y cómoda por lo que invita a quedarnos ahí. Es un estilo de vida que nos empuja a movernos hacia lo que está en nuestra conciencia. No obstante, todo lo que la mentalidad común nos dice, lo advertimos como un bien, como un positivo que nos hace actuar para poder continuamente tener que alcanzarlo, entrando en un constante sentido de confusión sobre lo que está bien o mal, y sobre lo que verdaderamente necesitamos para ser felices y lograr nuestros deseos reales.


Deseamos estar siempre en camino de la búsqueda de lo que nos hace verdaderamente felices, para no caer en el estancamiento de una vida sin sentido. Sin embargo, esto no podemos conseguirlo si estamos solos; solos no logramos seguir luchando por mucho tiempo. Si queremos mantener despierta esta conciencia necesitamos seguir pidiendo ayuda a los demás que reconocen la misma necesidad, pero también a quien ha “hecho” nuestro “ser” con una necesidad tan grande de infinito y de sentido.


Sabemos, gracias a la experiencia de amistad qué estamos haciendo entre nosotros y gracias a lo que hemos dicho sobre el deseo del bien que advertimos en nosotros, que nuestra felicidad, nuestra alegría, nuestro mismo “ser” no son últimamente definidos por el trabajo que hacemos, las calificaciones que obtenemos, la opinión que otros tienen de nosotros, o los logros que podemos alcanzar.


Hay una palabra importante que nos estamos repitiendo mucho en este periodo, sobre la cual estamos reflexionando en estos días; esta es la palabra “esperanza”. Descubrir el hecho que este deseo de infinito está dentro del corazón de cada uno de nosotros, nos da esperanza, porque refleja el hecho que la realidad donde nos encontramos no está definida por la clase de trabajo que hacemos, por el salario que tenemos o por los estados de ánimo de nuestros jefes. Reconocer que en la realidad hay una inteligencia que abraza, educa y mueve, nos da esperanza, nos hace felices también en el cansancio del diario vivir.


La semilla de nuestra esperanza crece en esta amistad que vivimos entre nosotros; hecha por momentos de encuentros, palabras y obras educativas que nos ayudan concretamente a tener la mirada fija a la verdad de la realidad.



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