un lugar que sin saberlo se vuelve querido

Carta de Yoko Yamada


Publicamos esta carta que hemos recibido de parte de nuestra amiga Yoko Yamada que vino de Japón a El Salvador para vivir con nosotros por casi todo el año 2020. En sus palabras de despedida redescubrimos el significado y la belleza de la amistad que subyace nuestro trabajo cultural.



Queridos amigos del centro cultural One Way:


Hace nueve meses que vivo en El Salvador. Con anterioridad, había vivido ya dos meses en este país, entre los años 2018 y 2019, luego ustedes me han hecho la propuesta de volver y por eso me encuentro aquí. Aunque hemos sido amigos desde hace casi 20 años, esta es mi primera vez en Latinoamérica por tanto tiempo.


En este periodo he experimentado varias cosas, pero el trabajo en el Centro Cultural One Way con los amigos latinoamericanos fue inolvidable. Así que decidí contarles mi experiencia a través de esta carta.

El centro cultural One Way nació en El Salvador en 2008, como deseo de un grupo de amigos de asumir la responsabilidad de una labor cultural en nuestro entorno. Este trabajo se desarrolla también en Japón desde el 2012, específicamente en la ciudad de Nagoya donde yo vivo.


Esta tarea cultural ha alcanzado a muchos gracias al trabajo constante de las personas dedicadas a construir un lugar para escucharnos, conocernos, ser educados y aprender unos de otros. Gracias a este trabajo constante, hoy yo he podido encontrar One Way también aquí en Latinoamérica. No es una obra fácil, pero encontrándolos a ustedes aprendí que, aunque el mundo nos muestra muchos caminos, nosotros seguimos “One Way”.


Cuando llegué a El Salvador, yo no hablaba muy bien el español, a pesar de esto los amigos de One Way me dieron un trabajo concreto: escoger las fotografías que acompañan nuestros textos, de esta manera pude involucrarme con ellos. En medio de la pandemia mundial debido al virus, tuvimos que comunicarnos siempre de forma virtual y no obstante, siempre me ayudaron, me dieron el tiempo para escoger las fotografías y nadie me exigió un trabajo medido por el tiempo. Más allá de un trabajo cultural, se volvió una amistad en la que lo más importante no era si yo escogía bien las fotografías y así no me sentía determinada por mis errores. Más bien, era como un niño que está cerca de su mamá, que sabe que es amado y cuidado más allá de sus equivocaciones. Trabajando juntos, me olvidé de mi dificultad con el idioma, el amor con el que ustedes hacen One Way me ha hecho redescubrir mi amor hacia esta misma labor.


El centro cultural One Way que encontré aquí en Latinoamérica ya tenía una historia grande, como un árbol que ha crecido en el tiempo con paciencia y perseverancia, volviéndose cada vez más extraordinario, en el cual yo he sido injertada. Buscando y actualizando las fotografías de cada artículo, me doy cuenta de que One Way es como un árbol que nunca deja de crecer; aún si tiene momentos difíciles sigue manteniéndose para que los demás lo puedan encontrar. Esto lo he entendido ahora a través del trabajo concreto que hemos hecho juntos.


Pude ser parte de una historia concreta, no solo de letras en un libro. Se trata de una experiencia que se desarrolla hoy en la realidad que vivimos y que puedo seguir a través de personas y lugares. Me he dado cuenta de que es un camino amoroso, porque trabajar juntos hace que las dificultades no me determinen y la felicidad de trabajar con los demás es grandiosa. Disminuyen mis preocupaciones personales y las inquietudes por el futuro, me da una gran esperanza que se vuelve concreta en One Way y me corresponde tanto que no puedo evitar enamorarme de ella.


En el proceso de amar algo nuevo, necesitamos compartir un lugar y un ambiente que nos ayude, esto es lo que he encontrado aquí con ustedes en One Way. Ha sido esto lo que me da la conciencia que estamos aprendiendo a ser amigos verdaderos entre nosotros.

Gracias a todos

Yoko Yamada



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