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Una porción justa


No es una consideración extraña afirmar que, hoy, el hombre ha sido sustituido por el “dinero”: se vale por cuánto dinero se tiene, se ostenta, se da o se produce. Tener dinero representa tener poder, aunque éste ni siquiera exista físicamente sino que es representado en forma digital dentro un espacio no físico, en el cual el hombre no tiene lugar. Ésta es una posición equivocada porque radicaliza un instrumento (que no olvidemos se trata principalmente de un medio de cambio) que facilita la realización de transacciones, evitando el fatigoso trabajo de encontrar la coincidencia perfecta en el intercambio de mercancías. Hoy en día, la sociedad contemporánea no permite hacer mucho sin este papel, y siempre es necesario que cada uno busque la forma de tener en sus bolsillos unos cuantos billetes.


Razonando sobre los medios disponibles para la obtención del dinero que sirve para alimentación, vestidos, vivienda y los demás particulares que permiten desarrollarse y realizarse con serenidad, la intuición señala que el principal de ellos es el así llamado “trabajo remunerado”. Por ello, sobre éste punto las teorías del mercado laboral buscan encontrar un equilibrio en el nivel de empleo, en el cual la oferta y la demanda de trabajo coincidan. Se realizan ponderaciones entre las necesidades de incremento de trabajadores por unidad de producción de las empresas y la oferta de mano de obra, entre el ocio y la necesidad de salario del trabajador.


Sin embargo, para quien, por las razones que fueren, no logra tener una ocupación que le permita un ingreso monetario constante y no precario, tratar de explicarle a través de un modelo matemático por qué a él o a ella le toca una parte tan pequeña del pastel, no le interesa. Pero entonces ¿cómo servir porciones más justas? Esta pregunta ha generado diferentes teorías económicas y sociales, más o menos adecuadas, que no pretendemos analizar en este contexto. Nos limitaremos en afirmar que debe existir una lógica detrás de la forma que se escoja para partir las porciones. Se trata de la lógica de la amistad.


A través del trabajo y de la circunstancia histórica que cada uno vive, insertado en la sociedad, debe estar atento para no perder de vista el hecho que las necesidades que siente, las vive también quien tiene al frente en la oficina o al que encuentra en la calle. Entender esto nos llevará a descubrir la vocación de servicio al bien común que todos tenemos. Nos damos cuenta que nuestra humanidad está hecha de tal manera que si vemos a alguien sufrir sentimos inmediatamente el deseo de ayudarlo, y si pudiéramos no permitiríamos que nadie pasara hambre o sufriera por escasez. Cada uno tiene naturalmente la vocación para amar y lo que busca es un lugar en el cual esta lógica sea evidente. Esta es la lógica también del padre para su hijo, del núcleo de la familia, donde todo lo que hay en casa se pone a disposición de todos, y cada uno está pendiente que al otro no le falte nada. Esto está también al origen de la economía, que ya desde su significado hace referencia a las normas de administración de los recursos de la casa. Es entonces en el fondo tarea, necesidad y deseo que todos y cada uno tenga una porción justa.




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