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Víctimas con poder y víctimas sin poder

Conferencia del Padre José Maria Tojeira



El 24 de noviembre de 2011 hemos invitado al P. José María Tojeira, Director del Instituto de Derechos Humanos IDHUCA de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, a una conferencia sobre el tema “Víctimas con poder/víctimas sin poder”.


“Se tiende a eliminar del paisaje a las víctimas sin poder y a manipular la historia de las víctimas con poder”, dijo José María Tojeira, más conocido como Padre Tojeira, quien fue rector de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) durante 13 años. Su experiencia como firme defensor de los derechos humanos le avala en el planteamiento de su tesis: hay víctimas de primera y de segunda.


“Hoy voy a reflexionar sobre las víctimas, porque hay algunas que tienen poder y otras no y este hecho determina su recuerdo o su olvido”. Una triste realidad que a la que el padre nos acerca con ejemplos concretos. Después del terremoto de 1986, estuvo varios años visitando cárceles del país. Allí conoció a un muchacho al que llamaban Pichinte: “Ese joven fue un delincuente, pero también una víctima de la sociedad, de la desunión familiar, de los sistemas educativos, de los sistemas preventivos de delitos y de los sistemas de defensa de la niñez”.


El Padre Tojeira relata que Pichinte vivía en la calle desde los nueve años y desde entonces se dedicó a robar; a los 15 años comenzó a frecuentar cárceles para adultos. Lo mataron adentro del penal cuando tenía 17, por robar marihuana a otro preso. No hubo juicio, no hubo investigación del delito, no se llevó el caso a los tribunales. “Este muchacho fue un delincuente, pero evidentemente fue una víctima de su entorno y del sistema que le rodeó”, admite Tojeira, con semblante serio. Cuenta apenado que nadie fue al funeral de Pichinte y hoy en día nadie se acuerda de él. “El muchacho fue una víctima sin ningún poder, como tantas otras que suceden en nuestro país”. El asesinato de Pichinte ocurrió un año después de la matanza de los jesuitas. “Ésta fue una noticia internacional con una gran repercusión (...), un gran ejemplo de lo que son las víctimas con poder y las víctimas sin poder”.


El Padre Tojeira agregó que las víctimas con poder se reconocen, se las recuerda, pero además de eso en ocasiones se tiende a quitar el verdadero significado de su dolor y su sufrimiento manipulando su significado a favor de intereses concretos. El mayor ejemplo de esto es el de la Virgen María, quien “fue la madre de un hijo masacrado, vio al fruto de su vientre morir en la cruz y luego, en la época de la dictadura española, Franco utilizó su nombre como estandarte de las Fuerzas Armadas”.


El Padre Tojeira es firme en su tesis: “No se puede celebrar a las víctimas con poder si de alguna manera no se las une a las víctimas sin poder, con aquellas que suelen tratar de eliminarse de los mapas, y de tildarse como daños colaterales”.


Hay cuestiones de Estado que acentúan esta situación de desigualdad: En El Salvador hay estructuras sociales que establecen una doble ciudadanía, por ejemplo: el sistema de salud discrimina a las personas según su capacidad económica. Lo mismo pasa con el sistema educativo. “Para que un país salga del subdesarrollo debe tener una población del 70% que acabe el bachillerato, y en El Salvador actualmente solo lo finaliza el 40%”. La sociedad convierte a las víctimas en victimarios. “Si no queremos seguir teniendo un estado que produzca este fenómeno, tenemos que tener una estrategia adecuada para prevenir la delincuencia. Eso se consigue a base de oferta de oportunidades, fomentando la igualdad, reconociendo las injusticias, facilitando el acceso a la salud y al desarrollo e impulsando el diálogo”.


Para conseguir estos objetivos, el Ex-Rector de la UCA propone establecer una relación entre las partes, que se base en dar pasos graduales, transparentes, sistemáticos y evaluables. Que se centre en un pensamiento radical de opción por todas las víctimas de nuestros países: “tanto las que tienen poder como las que no lo tienen”.


Al final de la ponencia, hubo un espacio para abrir el diálogo con los asistentes. La primera intervención cuestionó al padre sobre el hecho de cómo hacer para que los jóvenes se interesen del dolor y las necesidades de los demás, y no vivan tanto para sí mismos y en una constante indiferencia de la realidad. Al respecto, Tojeira afirmó que “los jóvenes enfrentan una situación complicada y buscan soluciones individuales al clima de violencia que se vive (colonias seguras, diversión en lugares vigilados, moviéndose en espacios de seguridad exclusivos...)”. Sin embargo, manifestó que hay caminos para acercarse a donde están los más débiles, y el principal es el voluntariado, porque “conecta y ayuda a ir creando una realización común”.


El segundo comentario abordó el ámbito político, en donde se reflexionó sobre los tipos de entornos que socioculturalmente propone la sociedad a un abogado, y que aseguran áreas de trabajo que no implican sacrificios ni riesgos. “Merece mucho respeto la persona que desde su profesión opta por lo menos lucrativo y más justo (...) no siempre lo más lucrativo es lo más eficaz para que haya justicia. Hay abogados que no hacen cosas simplemente para no quedarse sin clientes de cierto nivel”, aseveró. Como reflexión final, Tojeira dijo que en El Salvador “hay capacidad para actuar con coherencia y eso, en la medida en que abunde, cambiará las cosas”.



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