¿Qué es el Centro Cultural One Way?

La cultura es un hecho, es el juicio que nace de una experiencia.

La cultura, como la educación, la política y la solidaridad, son dimensiones propias de cada ser humano y en las cuales se desentraña una constante búsqueda de juicio sobre la realidad. De hecho, el juicio se forma a partir del encuentro con los seres humanos que me rodean y comparten mi misma existencia. Por ello, el Centro Cultural One Way se constituye, en primer lugar, como espacio en el cual compartir el deseo de construir una amistad, que pueda interesarse por todos y conocer el por qué de todo lo que acontece. Para nosotros, hacer cultura es iniciar un diálogo sincero, sabiendo que es posible actuar en forma novedosa dentro de la sociedad. 

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Nuestra historia

Un viernes, el 10 de octubre de 2008, reunidos en un pequeño restaurante típico salvadoreño, con un pequeño grupo de amigos, discutíamos sobre la oportunidad de asumir la responsabilidad de una labor cultural en nuestro entorno. Algunos regresabamos del Congreso cultural Tonalestate, que había tenido lugar en Italia, y contábamos acerca de esta invitación inesperada y provocativa que habíamos escuchado en las conclusiones. Nace así entonces, la idea de comenzar, en cada país, un centro cultural donde “escucharnos, conocernos, ser educados y aprender, unos de otros, el deseo y la acción para el bien común”. Desde el principio fue una invitación a un compromiso serio y tenaz, quedando cada uno libre de acogerla. Sin embargo, para tener un criterio o juicio, es necesario tener clara la propia identidad, saber lo que es el fundamento de todo, y preguntarse qué le da sentido a todo nuestro actuar. 

 

No había entre nosotros intelectuales o eruditos, tampoco estudiosos ejemplares, no obstante, decidimos aceptar dicha invitación, asumiéndola con entusiasmo y responsabilidad: fue y sigue siendo un gran desafío. Como nos había enseñado un profesor italiano que había tenido un gran impacto en nosotros, el profesor Giovanni Riva, la cultura nace de la experiencia y nuestra primera experiencia fue la que él nos transmitió con su vida, su pasión por la unidad entre los hombres, que proviene del reconocimiento de que somos, por naturaleza, una cosa sola entre nosotros. De aquí surgió el nombre One Way:  único camino. Para nosotros, el único camino es entrar en la realidad con esta conciencia de una recíproca pertenencia y por ello dedicarnos a las personas. 

 

Sentimos que es una necesidad, el construir lugares donde reine la verdad, comprometiéndonos con un trabajo educativo y cultural que contribuya a formar hombres nuevos, que se apasionen por una realidad que exige justicia, verdad y paz. Estamos apasionados por aprender y no deseamos dar nada por hecho. Estamos convencidos de que urge un trabajo que tenga como fin ayudar a comprender la realidad, según la función y el destino que le son propios, una cultura que ayude a la gente a vivir teniendo conciencia de sí y de las circunstancias que la rodean, un espacio de encuentro en el cual cada detalle  adquiera su auténtico valor. 

 

Fue así como decidimos iniciar un trabajo juntos, e inmediatamente se nos presentó la cuestión sobre cómo llevar a cabo esta labor, pues estábamos conscientes de que nos hacía falta madurar y crecer. Sin embargo, pensamos que este crecimiento no puede ser algo que anteceda a la acción y, sobre todo, no puede ser algo privado o circunscrito a unos pocos. Todo lo contrario, es posible crecer en un actuar de forma nueva dentro de la sociedad, iniciando en ella un diálogo sincero. 

Comenzamos organizando conferencias en un pequeño local en las afueras de la universidad y, poco a poco, nuestra labor fue tomando forma gracias también a la ayuda y consejo de muchos amigos que encontramos a lo largo de nuestro camino.

 

Nunca habríamos imaginado todo lo que sucedería después de esos inicios y a todas las personas y personalidades, de todos los ámbitos, que habríamos involucrado con nosotros. Además, en mayo de 2010, algunos amigos hondureños también comenzaron este trabajo en Tegucigalpa, con el mismo deseo de expresar, con humildad y decisión, un juicio claro sobre la realidad y sobre los problemas que viven nuestros países. Igualmente aconteció en la Ciudad de Guatemala, desde el 2015. 

 

A lo largo de todos estos años, hemos redactado varios textos, fruto de nuestros debates, y los hemos dado a conocer a través de los medios sencillos de los cuales podíamos disponer; primero a través de las llamadas “bitácoras”, de apenas dos hojas; luego, un boletín más elaborado; finalmente, en este espacio virtual, que junto con nuestro juicio, lleva la invitación a ser parte de nuestro trabajo y a colaborar con nosotros.

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